El pasado año nuestro alcalde anunció el inicio de la industrialización de Cáceres para 2022, pero las primeras noticias que nos ofrece el año no parecen ir en esa dirección.

Los ecologistas de Adenex han cerrado una de las puertas por la que podría haber llegado una parte de esa ansiada industrialización. El TSJEx no ha dudado en darles la razón y tumbar la modificación del Plan General Municipal de Cáceres, por el que se eliminaba la limitación a cinco megavatios (MW) el tamaño máximo de las plantas fotovoltaicas que se pueden instalar en las zonas protegidas. Varios proyectos previstos, y alguno de ellos ya iniciado, se han venido abajo, y lo que es mucho peor; la imagen de inseguridad jurídica que hemos proyectado ante los posibles inversores foráneos les ahuyenta de pensar en esta ciudad.

Primero fue la desproporcionada y «bien orquestada» plataforma del ‘No a la Mina’, que llevan tres años vertiendo informaciones poco contrastadas sobre el proyecto Valdeflores, las cuales fueron «compradas» apresuradamente por los principales partidos de la ciudad, y por parte de una bienintencionada ciudadanía que prefiere que las cosas sigan como están. Ahora, son los ecologistas de Adenex quienes emplean su tiempo, energías y recursos en poner palos en las ruedas de esa anunciada industrialización.

No soy quien para discutir las sentencias de los tribunales, aunque habría que preguntarse si los asesores legales de este ayuntamiento han estado a la altura que se les debía exigir. Pero el mal está ya hecho; las inversiones en curso y otros posibles proyectos no pueden esperar tres o cuatro años a que el tema judicial se dilucide. Mientras tanto, una parte de nuestros jóvenes seguirán teniendo que emigrar, y los pocos que se queden se les ofrecerán contratos de ¿fijos-discontinuos? Como camareros o guías de turismo. Por que el chollo funcionarial que ha dopado a esta ciudad en las últimas décadas llegó a su tope, ni las administraciones ni la Universidad, ni el sistema educativo da para mas en una ciudad que ya pierde población.

Desde el Club Senior hemos sido los primeros en criticar las macro plantas fotovoltaicas que se estaban instalando en nuestra comunidad si se limitan a generar una energía que será utilizada para crear valor añadido y puestos de trabajo en otras latitudes. Nuestro libro Cómo evitar la Tercera Colonización Energética de Extremadura explica claramente como transformar los riesgos en oportunidades, al disponer de la mayor capacidad de producción de electricidad verde de España. Algunos ejemplos se están comenzando a ver ya, como la fabrica de diamantes de Trujillo, y algunos de los proyectos que se ven afectados por esta sentencia tenían también actividades industriales relacionadas a ellos.

En reiteradas ocasiones hemos puesto de manifiesto que Cáceres no dispone de terreno industrial donde puedan ubicarse las inversiones que las nuevas tecnologías energéticas van a propiciar. Ante la falta de iniciativa pública ha tenido que ser un grupo industrial, Ingenostrum, quien plantee el ambicioso proyecto de un parque eco-industrial (CC-GREEN) para la ciudad, recientemente presentado en el ayuntamiento en su primera fase. Muchas de las empresas que pueden ubicarse en este moderno proyecto solo lo harán si disponen en las proximidades de energía verde y competitiva. Pero, ¿quién va a plantearse seriamente la opción de invertir aquí, si no existe una seguridad jurídica que garantice la ejecución en plazo de los proyectos industriales?

El problema lo tenemos en el interior de nuestra ciudad; con colectivos que sigue viviendo en la utopía de la ‘ciudad feliz’. Pero realmente, ¿quién ocupa su tiempo para crear puestos de trabajo que eviten el dulce languidecer de Cáceres?

*Ingeniero industrial