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Enrique Pérez Romero

Nueva sociedad, nueva política

Enrique Pérez Romero

Fin de una pandemia por decreto

Se ha trasladado a la población que la pandemia termina cuando el Gobierno dice

Pedro Sánchez. El Periódico

El pasado 30 de marzo, en el Congreso, Pedro Sánchez dijo: «Hoy, cuando vemos que grandes potencias como China toman medidas muy duras de confinamiento sobre millones de ciudadanos, cobra aún más valor, y yo diría que también más sentido, el duro camino que hemos recorrido a lo largo de estos dos últimos años».

Parecía querer decir que a China le hace falta confinar porque no ha hecho sus deberes, y que nosotros estamos tan bien que nos podemos ir de Semana Santa tranquilamente. A estas alturas es difícil calificar con palabras el cinismo y la falsedad de Sánchez. Alguien debería haberle respondido que China confina a su población cuando aparecen casos positivos, mientras que al Gobierno de España se le mueren cientos de personas todas las semanas. Concretamente, los muertos por millón de habitantes en China desde el comienzo de la pandemia son 9,39 por 2.171,02 aquí, es decir, 231 veces menos. A pesar de que China pasa por uno de sus peores momentos de la pandemia, el último incremento es de 86 muertos, mientras que en España, donde se nos vende que la pandemia ha terminado, es de 206, más del doble. 

La Semana Santa de 2022 ha sido elegida por el Gobierno de España para comunicar algo probablemente inédito en la historia de la humanidad: el fin de una pandemia por decreto ley. Dicho de otra manera: trasladar a la población que una pandemia se termina cuando dice el gobierno que se termina, no cuando se termina de verdad. 

Los cinco elementos fundamentales para que la población tuviera la sensación de que ya no hay virus ahí fuera y arriesgue su vida con total alegría desechando cualquier medida de seguridad, eran, por este orden: cambiar el criterio a la hora de considerar la gravedad de la pandemia, eliminar todas las restricciones de movimiento, dejar de informar cotidianamente sobre los datos de afectados y fallecidos, eliminar totalmente el uso de la mascarilla y que todo esto coincidiera con un periodo vacacional (Semana Santa, Verano o Navidad). Tenían prisa, han elegido el primero.

Prisa que no comparte ninguno de los expertos a los que yo haya escuchado. De hecho, no solo desaconsejan que se quite la mascarilla en interiores sino que han recomendado que se tenga «bien ajustada» en las procesiones. 

El corto camino hacia el final de la pandemia por decreto comenzó el pasado 22 de enero, cuando el Gobierno advirtió que dejaría de contar todos los hospitalizados, distinguiendo, en un posmoderno giro lingüístico, entre contagiados «por Covid» y «con Covid». Se introducía así el cambio de criterio como primero de los cinco elementos antes mencionados. El segundo, terminar con las restricciones de movimiento, se certificó, más o menos, según cada CC.AA., en febrero. 

Uno tiene la sensación de que, si alguna vez importó, ya no importa nada la salud ni la vida

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El gran paso para dejar de hablar de Covid como un virus altamente mortal y equipararlo falsamente a la gripe común, bajo el eufemismo «gripalización», llegó el 28 de marzo, eliminando cuarentenas e información pública diaria sobre la pandemia. Tercer elemento cumplido. 

La eliminación de la mascarilla siempre ha sido un tótem publicitario para el Gobierno, símbolo de esa «libertad individual» tan importante para nuestros dirigentes. Los expertos les han dicho que no la quiten antes de Semana Santa así que han decidido eliminarla justo tres días después. La mascarilla hace tiempo que no es obligatoria en exteriores, pero un alto porcentaje de la gente la sigue llevando.

Como quinto y último elemento, era fundamental elegir un periodo vacacional relevante para que la ciudadanía tuviera la sensación de poder recuperar con plenitud aquello que las instituciones han convertido en único símbolo de felicidad: el ocio asociado al consumo (en plena crisis de inflación, por cierto). 

La realidad es otra: los casos no han dejado de crecer desde finales de febrero, hubo 200 muertos en los últimos siete días informados por el Gobierno, se han detectado nuevas variantes peligrosas en diversos países e Israel ha advertido que la cuarta dosis de la vacuna apenas tiene beneficios. Uno tiene la sensación de que, si alguna vez importó, ya no importa nada la salud ni la vida, y que pase lo que pase en el futuro, la pandemia de Covid-19 ha terminado en España por decreto en la Semana Santa de 2022. Si quieren vivir, cuídense, el Gobierno no está dispuesto a hacerlo por ustedes.

*Licenciado en CC. de la Información

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