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Víctor Bermúdez

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Víctor Bermúdez

Europa, Borges y los bárbaros

El día de Europa en la UE y el día de la Victoria en Rusia coincidieron el pasado lunes

Europa, Borges y los bárbaros. El Periódico

El pasado día 9 coincidieron dos actos especialmente relevantes y, en las actuales circunstancias, de signo preocupantemente opuesto: el Día de Europa, en el que se conmemora la declaración del ministro francés Robert Schuman, germen de la Unión Europea, y el Día de la Victoria sobre la Alemania nazi que celebra cada año Rusia y cuyo acto central es un gran desfile militar en Moscú. 

Que ambos eventos sean, en la presente situación, con el telón de fondo de la guerra en Ucrania, significativamente opuestos quiere decir que, más que nunca, enaltecen valores e ideales completamente distintos. La cooperación política y económica, y la construcción de un marco identitario común, con objeto de evitar nuevas guerras, en el caso de la UE, y la guerra como forma de autoafirmación de una identidad diferenciadora y excluyente, y de unos intereses geopolíticos y económicos particulares, en el caso de la celebración de Putin.

A este respecto, y aunque ambas están relacionadas con el fin de la II Guerra Mundial, las dos celebraciones suponen formas muy diferentes de encajar las lecciones de la hecatombe que supuso dicho conflicto. La Unión Europea, con todos sus innumerables defectos, ha logrado empezar a materializar durante estos setenta años el ideal de una sociedad internacional de apoyo mutuo que, bajo la cobertura ideológica de un cosmopolitismo ilustrado, convierta la guerra en un medio ineficaz de lograr objetivos (todo ello desde lacerteza de que una nueva guerra mundial sería la última para todos). La visión, sin embargo, que representan Vladimir Putin y la derecha populista y ultranacionalista que lidera en Rusia (y que es espejo de la que carcome también a Europa) suponela utilización de la violencia en todas sus dimensiones como el modo fundamental de lograr los objetivos políticos. 

Hay que añadir, para no incurrir en ingenuidades, que la propuesta que representa la UE tiene, hoy por hoy, la forma de un pequeño (aunque vistoso) islote en mitad de la tormentosa confluencia entre potencias (Rusia, China o los propios EE. UU) ancladas aún en las estrategias del realismo político y de la lucha militar y económica por la supremacía. 

Desde luego, es difícil de creer que desde ese pequeño islote político que es la UE vaya a imponerse mañana la paz perpetua kantiana sobre la nietzscheana y ancestral voluntad de poder de las naciones y los hombres. Por el contrario, es mucho más probable, por no decir inevitable, que antes o después eclosione de nuevo el conflicto entre unos y otros. Pero mientras tanto, y justamente por ello, Europa no debe cejar en su propósito, convencida de que, al fin, la verdadera victoria es la que impronta al mundo con los valores e ideas del vencedor. 

Es difícil de creer que desde ese pequeño islote político que es la UE vaya a imponerse mañana la paz perpetua kantiana

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Recuerdo siempre a este respecto un fabuloso cuento de Borges, la Historia del guerrero y la cautiva, en la que un bárbaro, enamorado de la belleza de las ciudades latinas que arrasaba, acabó abandonando a los suyos y defendiendo a Roma hasta la muerte. Si observan ustedes con perspectiva verán que es esto mismo lo que ha ocurrido con frecuencia en el curso de la historia. Somos como somos en Occidente (y, justo por su influencia, en la casi totalidad del planeta), por la impronta que nos dejó ese minúsculo islote político que fue la Grecia clásica, aún amenazado como estuvo siempre por grandes potencias militares (Persia, Esparta y luego Roma) que, sin embargo, y salvo Roma (que adoptó íntegramente la cultura helénica), no han dejado más que una modesta huella en el mundo. 

Mientras tanto, y además de persistir en la fidelidad a los ideales y actitudes que han inspirado este reducto político de pluralidad y convivencia que es hoy Europa, cuyas imperfecciones y legitimidad no nos cansaremos, desde luego, de cuestionar (la autocrítica es parte esencial de nuestra idiosincrasia), podemos y debemos seguir haciendo todo lo que podamos por aminorar o retrasar, al menos, la victoria coyuntural de la barbarie, en este caso, la que representan Putin, su odio expreso a los valores occidentales (o, lo que es lo mismo, a los derechos humanos), y su salvaje incursión bélica en Ucrania, en Siria, o en todos aquellos lugares que pretenden, legítimamente, hacer lo mismo que el bárbaro del cuento de Borges.

Por respeto a los principios en los que tenemos nuestra principal baza, y justo para evitar, hasta que sea inevitable al menos, la guerra, las acciones de la UE deben, pues, incidir en lo ya hecho: un bloqueo económico total contra el régimen de Putin y un apoyo militar legal, aún midiendo cada paso, a los que, fuera de nuestras fronteras, defienden los ideales europeos de quien no tienen nada que ofrecer más que rencor, involución y barbarie.

*Profesor de filosofía

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