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El Periódico Extremadura

Ramón Gómez Pesado

Tribuna abierta

Ramón Gómez Pesado

Magia en la Caja

Ojalá los jóvenes sepan leer bien el mensaje que el joven Alcaraz les envía desde las pistas del mundo entero

Es evidente que la afición que podamos sentir por cualquier deporte experimenta un notable incremento en su intensidad, si un representante de nuestro país participa en la competición, y nos confabulamos con cualquiera que defienda en ella los colores y los sentimientos de los españoles. Incluso aunque el deporte en cuestión no sea nuestro preferido, para involucrarnos más en él, basta con que un patriota esté defendiendo a nuestra tierra en la competición en cuestión.

Quien cuente ya los cincuenta bien contados, recordará las siestas que tuvimos que perdonar en aquellas tórridas tardes de los meses de julio, hace ya más de treinta años, para alentar a Perico Delgado y a Miguel Induráin y hacerles que subieran con mayor facilidad los endiablados puertos de las carreteras del Tour de Francia. Puertos que los responsables de la Organización se empeñaban, cada año, en ponérselo más difícil a los españoles, aunque nunca les valió ante tanto talento.

Los periódicos franceses de la época asentían y aceptaban, grabado en tinta, que nuestro increíble Induráin era una especie de extraterrestre, cuando fulminaba los cronos en las contrarrelojes. Nuestro inolvidable cántabro hacía magia con los pedales sobre el sillín de su bicicleta.

La misma magia que, hace unos días, ha utilizado el jovencísimo español y murciano Carlos Alcaraz, de diecinueve años recién cumplidos, en la Caja Mágica de Madrid, para conseguir alzarse con el título del Master 1000 de Madrid, el conocido como el Mutua Madrid Open. En un derroche de insultante juventud, de potente fuerza y de mágica habilidad, venció al mismísimo Rafa Nadal, su ídolo, derrotó al actual número uno del tenis mundial, el serbio Novak Djokovic, y, con una raqueta mágica, destronó al gran Alexander Zverev, que ostentaba hasta ese momento el título del Open madrileño. Si alguien respiró aliviado, supongo, después de las magníficas victorias conseguidas por el joven murciano, sería el heleno Stistipas y su padre y entrenador Apóstolos, al descubrir que sus tres derrotas consecutivas, en sus tres únicos enfrentamientos con Carlos, no respondía a ningún complot con el que los dioses griegos se hubieran confabulado contra ellos, sino que se debía al nacimiento de una gran estrella en el Olimpo del tenis mundial.

El joven Carlos Alcaraz, ‘Carlitos’, como él quiere que le llamen, es un nuevo ídolo para los aficionados al tenis y será un ejemplo para todos los jóvenes que le sigan, igual que Rafa Nadal lo fue para él. Ojalá los jóvenes sepan leer bien el mensaje que el joven Alcaraz les envía desde las pistas del mundo entero. Ya en sus declaraciones aflora y rezuma una humildad patente y propia de los grandes campeones. Él mismo reconoce que sus triunfos no son sólo esfuerzo suyo, sino del trabajo del gran equipo que tiene detrás y del esfuerzo de todos.

‘Conque la magia de la Caja Mágica nada tiene que ver con la magia que sale de las varitas de Harry Potter. La magia de la raqueta de Alcaraz emana directamente del trabajo diario de un joven que se esfuerza y lucha cada día por alcanzar unas metas que se ha propuesto conseguir. La magia de su raqueta se basa en el hecho de aprender a levantarse cada vez que cae, cada vez que los vientos no soplan a su favor, y empezar de nuevo a luchar aún con más ahínco. La magia está en buscar nuevas corrientes favorables para enarbolar, de nuevo, la vela que arrastre subarca, y le lleve a alcanzar sus objetivos que, muchos todavía hoy, le esperan ya en un claro y despejado horizonte.

*Ex director del IES Ágora de Cáceres

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