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El Periódico Extremadura

Antonio Luis Cid de Rivera Silva

La trastienda

Antonio Cid de Rivera

Director de El Periódico Extremadura

La buena suerte en política

Los populares extremeños se hallan ahora mismo tocados por la buena suerte electoral, pero les falta lo primordial: el candidato

Decía un torero al que entrevisté una vez que la buena suerte no existe, que lo que existe de verdad es la mala suerte y que de ella hay que salir cuanto antes porque cuando te coge se adhiere como un chicle a la suela del zapato. La verdad es que tengo mis dudas sobre esto, sobre todo cuando el asunto concierne a la política. Solo hay que ver la buena suerte que ha tenido siempre Pedro Sánchez desde que lo echaron de su propio partido, saliendo airoso de todas las crisis, las internas y las externas. O en los últimos meses la buena suerte que ha tenido el PP desde que el diputado extremeño Alberto Casero se equivocó de botón en una votación crucial del Congreso y desencadenó una crisis que acabó con un cambio de liderazgo y una nueva imagen del partido. 

Ver a dirigentes del PP extremeño hace dos meses y verlos ahora no tiene nada que ver. Antes estaban imbuidos por el espíritu de la mala suerte. Como decían algunos de ellos, «estamos a verlas venir», a sujetar el barco para que la ola que viniera no les tumbara del todo atrapados entre el PSOE y Vox. Ahora todo parece haber cambiado. Se muestran seguros, bendecidos por la divinidad nuevamente y albergando la posibilidad de plantar cara e incluso ganar elecciones. Un cambio de chip porque, aunque el partido en Extremadura siga en una especie de parón donde Monago se va, pero no se acaba de ir, de pronto la ola que viene de Madrid es extraordinaria. Como dicen ellos mismos, el ambiente resulta como el de las elecciones de 2011 cuando, de pronto, se confabularon los astros y las cosas se pusieron bien para Rajoy y fatal para Zapatero.

La suerte no deja de ser efímera y de aquí a dentro de un año puede cambiar el panorama varias veces

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Sin embargo, hay que andarse con pies de plomo. Primero porque la suerte no deja de ser efímera y de aquí a dentro de un año puede cambiar el panorama unas pocas de veces para bien o para mal; y segundo porque los partidos están conformados por personas, cuya tendencia en tiempos de bonanza consiste en confabular e intrigar para colocarse los unos y fastidiar a los otros. Es el famoso frente de batalla que relataba Pío Cabanillas cuando decía «cuerpo a tierra, que vienen los nuestros». Porque una cosa está clara: cuando se trabaja sabiendo que la meta está lejos o resulta inalcanzable, los remeros mantienen una actitud parsimoniosa, pero cuando se ve que se puede ganar la carrera hay guantadas por subirse a la barca. 

No hay que olvidar que los populares están sin una batuta fija. No saben a fecha de hoy quién va a ser su candidato o candidata. Es más, siguen sin conocer cuándo será el congreso regional del partido o si se celebrará antes del verano. Ello es muy importante, más que nada porque de este cónclave depende la conformación del partido que deberá armar después las elecciones regionales y locales de mayo del año que viene y, la verdad, empieza a hacerse tarde. La razón del retraso es que Génova ha impuesto una candidatura de consenso que refleje unidad y buena armonía entre las direcciones de Cáceres y Badajoz. Y el problema es que hay dos candidaturas que no dan su brazo a torcer y, lo peor, que tienen difícil encaje dado que ambas, lideradas una por Fernando Pizarro y la otra por María Guardiola, son de Cáceres y, claro está, Badajoz dice que qué pasa con lo suyo. En resumen, que si los cacereños ponen el número 1, Badajoz deberá colocar el 2. Así, al menos, se ha hecho siempre, contentando las cotas provinciales, que no provincianas, para conseguir que todo el mundo reme en la misma dirección.

Es de esperar que al final se imponga la sensatez, sería un error garrafal no aprovechar el viento de cola

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Es de esperar que al final se imponga la sensatez porque, entre otras cosas, sería un error garrafal no aprovechar el viento de cola. Aunque ya se sabe lo de la condición humana, eso que se dice de que cuando algo puede ir a peor siempre va a peor. De eso ya se encargarán los dirigentes. Para regocijo del oponente.

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