Kiosco

El Periódico Extremadura

Tribuna

Cuando una empresa cae

Hace unos días, nos desayunábamos con la noticia de EL PERIÓDICO EXTREMADURA sobre el cierre de la placentina Forexsa. Las razones de esta decisión son archiconocidas por afectar a muchísimas empresas del sector: desorbitado incremento del coste de materiales, brutal subida de la electricidad e imposibilidad de trasladar estos costes al mercado.

Por desgracia, no es un caso aislado: decenas de pequeñas empresas y autónomos, de todos los sectores, están pasando por situaciones parecidas, a lo que se suman los problemas de suministro por la interrupción de la cadena logística. Algunas empresas están aguantando, más allá de todo límite, tratando de mantenerse a flote aunque sea en precario, pero la capacidad de resistencia está ya agotada por el encadenamiento de las crisis. Podríamos hablar de las grandes cifras de estas crisis, de PIB, de tasas de paro, de cuántos autónomos echan la persiana definitivamente…

Pero creo que el caso Forexsa nos permite un examen más cercano, más humano, para que se entienda mejor la situación. Hablamos de una empresa creada hace más de 37 años, que superó la crisis de principios de los 90, también la mucho más profunda que arrancó en 2008, y que casi había superado la provocada por la pandemia, pero que todo ello, especialmente el encadenamiento de dificultades en los últimos tres años, ha ido minando su capacidad de aguante, hasta llevarla a este indeseado final.

¿Qué pasa cuando cae una empresa? Cuando cae, fracasa un proyecto empresarial construido sobre el esfuerzo, sobre años de trabajo hasta hacerla rentable; fracasan todas las inversiones para adaptarse al mercado, para mejorar y ser más competitivos, y fracasa, y es lo más importante, el sueño de las personas que lo pusieron en marcha, porque sí, porque los empresarios somos personas, con familia, con sentimientos, con sueños y con proyectos levantados a base de tesón, de horas y de sacrificio.

Pero también caen los sueños y afanes de decenas de trabajadores, personas también, familias también, implicados en su labor, que de pronto se ven en la incertidumbre y la angustia de este drama humano que es el paro, y más si, como es el caso, algunos tienen más de 50 años, lo que augura una difícil reinserción laboral.

Del mismo modo, el cierre impacta en toda una ciudad y una comarca. Hablo de empresas auxiliares y de proveedores. Porque una empresa induce actividad en forma de consumo de carburantes, talleres de reparación de maquinaria, mantenimiento, limpieza de instalaciones, servicios informáticos, suministros de diverso tipo, ropa de trabajo, etcétera, es decir, un efecto que toca muy diversas empresas y autónomos de sectores muy variados. Además, esta pérdida de empleo tiene un efecto local añadido: empresarios y trabajadores ven mermados sus ingresos actuales y la expectativa de ingresos futuros, con lo que, por lógica, se van a retraer en sus compras y su demanda de productos y servicios; en definitiva, menos consumo, menos actividad, menos economía.

Si van sumando este efecto por el cierre de Forexsa al de otras empresas y autónomos, verán que es fácil ver a dónde nos lleva la espiral. ¿Imprevisible? ¿Inevitable? No, en modo alguno. Desde CREEX llevamos meses advirtiéndolo: la escalada inflacionista no correspondida con una recuperación adecuada de la actividad, del PIB, nos conducía hacia este despeñadero. Se podían y se pueden tomar medidas. La primera, crucial y urgente, es que la Administración estatal salga de su ensimismamiento y realice las modificaciones legales oportunas para permitir una revisión real y eficaz de los contratos públicos de obra, servicios y suministros. La segunda, el establecimiento de líneas de ayudas directas (no más créditos, que solo suman endeudamiento) para aquellos sectores donde el impacto inflacionista es mayor y que además no pueden trasladar este incremento de costes al mercado.

¡Claro que eso cuesta dinero! Pero, ¿cuánto costará en términos de actividad directa e inducida, en prestaciones por desempleo y en merma de ingresos fiscales dejar que desaparezcan más empresas?

No se olvide que, aunque otra empresa mañana tratase de ocupar el lugar, para obtener rentabilidad y generar empleo estable deben transcurrir, en el mejor de los casos, cuatro o cinco años.

¿Podemos permitirnos los extremeños, los placentinos, esperar ese tiempo?

* El autor es Secretario General de la Creex.

Compartir el artículo

stats