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El Periódico Extremadura

Alberto Hernández Lopo

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Alberto Hernández Lopo

Criptopánico

En dos semanas hemos vivido un auténtico terremoto para el ecosistema de los criptoactivos

Las últimas dos semanas han sido un auténtico terremoto para el ecosistema de los criptoactivos. Inicialmente arrastrados por la caída en picado de su más afamado representante, Bitcoin, el valor de mercado de los principales activos digitales se hundía un vertiginoso 50% sobre los máximos marcados en noviembre del 21. Sin embargo no fue Bitcoin el ojo de la tormenta, sino el desplome de TerraUSD, una «stablecoin» (igualmente monedas digitales descentralizadas pero, a diferencia de otras, cuentan con valores de respaldo, lo que en principio les aporta mayor estabilidad). La divisa digital estable perdía el 70% de su valor en pocos días. Suficiente para disparar el pánico entre inversores y accionistas.

Sumemos los diferentes escándalos que van surgiendo en las emisiones de NFT (o tokens no fungibles; muy resumido: como si repartiéramos participaciones sobre un activodigital, cada token es una ‘parte’ del mismo, que se puede vender o ceder) para que muchos hablen ya del invierno de los criptoactivos. Del fin de la burbuja digital.

Terreno perfecto para una enmienda a la totalidad de los criptoactivos, puestos en el disparadero para los incrédulos. ¿Son una estafa o parte del futuro? ¿Resistirán nuevas caídas sin perder su entera credibilidad pública? ¿Tendrán un papel relevante en nuestra economía? Lógicamente, no hay respuestas sencillas, especialmente porque hablamos de un sistema que aún ni siquiera está consolidado.

Empecemos por una advertencia: a día de hoy un altísimo porcentaje de los activos digitales son activos de riesgo. Muchos, además, sometidos a alta volatilidad porque son objeto de especulación por sus posibles fluctuaciones en el valor. Por eso, todos los pequeños ahorradores que han estado entrando en estos activos, con la promesa de rápidas y exorbitantes ganancias, debieran ser muy cautelosos. El crecimiento desaforado en algunos de estos activos está, digamos, «patrocinado». Normalmente, además, estas pequeñas inversiones se hacen por particulares escasamente informados y mediante agencias no reguladas. Después se ven «entrampados» por las derivas negativas del mercado. No hay timo, más bien autoengaño. En todo caso, no soy demasiado optimista: desde los tulipanes, la perspectiva de un nuevo ‘oro’ sistemáticamente engancha en el mercado.

Una cuestión distinta es la integración de los criptoactivos en el sistema financiero. Para ello, antes que recuperar la confianza de los particulares (muchos ni siquiera saben aún de su existencia), deben trabajar en afianzar la credibilidad de los inversores institucionales. 

La tecnología que respalda los activos digitales (blockchain) será una herramienta importante en el futuro de las finanzas

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La creencia en las criptomonedas inicialmente se quebró por un simple razón: no funcionaban como moneda, su objetivo primario. Eso generó una desconfianza en unos mercados que viven, además, conectados a la respiración artificial de unos bancos centrales que llevan una década inyectando capital en la economía. Sin embargo, esto misma situación espoleó su valor: son sistemas descentralizados, no guiados por organismos públicos, y efectos como la inflación no afectarían a su moneda. Las criptomonedas pasaron a ser activos refugio, especialmente las más relevantes (Bitcoin, Thether, Ethereum). Poco después comenzaron a surgir los activos digitales, un paso más en la “participación” sobre activos digitales, pero también reales.

¿Cómo? Porque de lo que no hay duda es de que la tecnología que respalda los activos digitales (blockchain) será una herramienta importante en el futuro de las finanzas, a todos los niveles. 

Todas las dudas que se han ido vertiendo sobre este tipo de activos (escasa transparencia, volatibilidad forzada, costes energéticos asociados) suenan a falta de entendimiento, teniendo en cuenta que el riesgo de un desplome no es (aún) sistémico. El verdadero desafío de los criptoactivos está en su usabilidad. 

En un entorno de alta inflación, de mayor inestabilidad financiera y donde, esperemos que no pronto, la amenaza de nuevas epidemias y confinamientos, los activos digitales pueden ser un instrumento útil. Para ello deberán mejorar su penetración, convencernos de su utilidad no sólo en espacios virtuales o transacciones digitales, sino integrarse en el día a día «físico». 

No me cabe duda de que jugarán ese papel, como tampoco que no será la última vez que vivamos un estallido de temor en los criptoactivos. Apasionante.

*Abogado, experto en finanzas

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