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El Periódico Extremadura

Lara Garlito

espejo convexo

Lara Garlito

Los zapatos

Si en alguna tertulia el tema de los zapatos surgiese, es muy probable o casi imposible si la edad media de los participantes no es tan joven, que no apareciese en nuestras mentes y, por supuesto, que alguien verbalizase la imagen mítica de Dorothy en El maravilloso mago de Oz susurrando y juntando sus zapatos brillantes rojos “no hay lugar como el hogar”. Son los zapatos, son el mensaje, son su brillo, son la necesidad en muchos momentos de nuestras vidas de irnos a nuestras casas, a nuestra intimidad, a nuestro refugio, a nuestro cariño, a la búsqueda de la seguridad y estabilidad… 

Y en torno al sueño más perverso de los zapatos, el hogar y la unidad se ha realizado un relato, como se describe ahora, a través de las redes sociales, que ha marcado las elecciones en Filipinas, Ferdinand Bongbong Marcos es el claro vencedor con más de 31 millones de votos. Según leo en la noticia de un periódico nacional firmada por Inma Bonet, «Ferdinand Bongbong no destaca por su elocuencia o carisma. Tampoco por ser un tecnócrata graduado en una universidad prestigiosa. De hecho, nunca se licenció. Pero…» pero es hijo de Ferdinand Marcos e Imelda Marcos, un añadido que supone un relato de dolor, crueldad, dictadura y expolio «en 1986 cuando los ciudadanos entraron en el Palacio de Malacañán tras la huida de los Marcos hallaron una enorme cantidad de artículos de lujo, obras de arte y joyas valoradas en millones de dólares. Pero aquello no fue más que un pequeño adelanto de las pruebas del verdadero saqueo que acometió el dictador. Se calcula que él y su esposa expoliaron hasta 10.000 millones de dólares de las arcas públicas entre 1965 y 1986». Imelda y sus zapatos, mil pares de zapatos en el Palacio de Malacañán, ¿recuerdan sus fotos? Detrás de la frivolidad del coleccionismo había mucho sufrimiento, violación de los Derechos Humanos, represión y pobreza generalizada. 

Hoy, con todo esto conocido y reconocido, Marcos Jr. con profundo tono patriota en una reciente entrevista afirmaba sin sonrojarse: «Mis padres siempre nos recordaban que todos los privilegios que teníamos eran gracias al pueblo». ¡Jo! Pues todo un detalle. 

Ese mismo día, tras esta noticia, leí una entrevista al periodista Raphael Minder, corresponsal de The New York Times, hizo el siguiente análisis: «Llegué a una España sin banderas y ahora vivo en un barrio, Chamberí, donde muchos pasean un perro con un collar con la bandera de España. El nacionalismo y las tensiones desatadas a raíz del independentismo de Cataluña han sido un cambio notable». […] Otra novedad es la crispación entre la izquierda y la derecha, mucho mayor que en 2010. No me acuerdo de que entonces se hablara de rojos y fascistas y ahora es lo más normal del mundo».

Al amparo de los nacionalismos egoístas, al amparo de los extremos, al amparo de la inestabilidad global, la crisis de la Covid-19, al amparo de los problemas, surgen quienes utilizan los sentimientos de pertenencia, de necesidad de seguridad, de ganas de mover los zapatos para alcanzar la estabilidad, la tranquilidad, se disfrazan y susurran «no hay lugar como el hogar» para aclamar al pueblo; eso sí, les darán las gracias después, cuando muestren las vitrinas llenas de zapatos, o de lo que sea, aquí, en este país también sabemos de eso.

A veces, nos creemos el centro del mundo, nos creemos especiales, nos creemos que las historias lejanas, son lejanas, pero nunca se aprende tanto de lo cercano como de lo lejano, es tan sencillo como que todos somos iguales en el mejor de los sentidos. Si el mayor amigo de la igualdad es la universalidad de la vida, los problemas y la consecución de derechos, el mayor enemigo son los nacionalismos, de toda índole, los mires por donde los mires, esos sí son exactos. Conocen muy bien su propio camino de baldosas amarillas.

Los zapatos de plata tienen un poder maravilloso le explicó la Bruja Buena, y una de sus cualidades más curiosas es que pueden llevarte a cualquier parte del mundo con sólo tres pasos, y cada paso se da en un abrir y cerrar de ojos. Todo lo que tienes que hacer es unir los tacones tres veces seguidas y ordenar a los zapatos que te lleven donde desees ir. El maravilloso mago de Oz, Lyman Frank Baum.

*Filóloga y diputada regional del PSOE

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