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El Periódico Extremadura

Fernando Valbuena

A la intemperie

Fernando Valbuena

De puertos y montañas

Otra vez los de allí van a decidir por los de aquí

Andaba yo in albis cuando me sobresaltó el alboroto. Y sigo in albis, como supongo también los más de los extremeños. Rectifico: en realidad, los más de los extremeños desdeñan la política (al menos la regional); los más de los extremeños, en su siesta secular, dan por bueno lo que hay; de otro modo no sería concebible la perpetuación en el poder de propuestas tan canijas como fallidas. Pero los otros, la minoría mayoritaria, se preguntará, como yo me pregunto, qué alboroto es este en la cámara privada del Partido Popular.

Que si María, que si Fernando…, que, en esta ocasión, sospecho, no montan tanto. Retomemos donde lo dejamos. Muerto el perro… quedó la rabia. O dicho sin opción a interpretaciones torcidas, creía yo que con la caída de Casado dejaba de mandar Casero. ¿Dónde está Casero? ¿Sigue mandando? Como si mandara. O, al menos, eso es lo que parece; parece, por lo que leo, que su obra sigue en pie. Sea el muñidor Casero, o no lo sea, el caso es que sigue siendo María Guardiola la señalada; que los dos presidentes provinciales del partido siguen en su puesto (que no digo yo que haya que decapitarlos a las bravas); que Monago parece que busca acomodo en otras tierras y renuncia a tirar de su cercanía a Núñez Feijóo para reverdecer laureles (por cierto, los únicos laureles de victoria de los que pueden presumir). Así que reaparece la concejala cacereña. Y ahí es donde la puerca tuerce el rabo… Porque a Fernando Pizarro le avalan las urnas. No una, sino muchas. Un aval del que han tirado los peperos para reclamar auxilio a Núñez Feijóo sin que les preocupara en manos de quien quedase Galicia. Ahora, sin embargo, arguyen que lo importante es Plasencia. No obstante, deberíamos preguntarnos quién arguye. Porque en este asunto todo son cábalas de terceros. ¿Quién arguye? ¿Quién dice? Yo solo he leído opiniones de terceros. Nada más. Los mandarines callan y trajinan. Los militantes solo callan (fundamentalmente porque no les han preguntado). Hará unas semanas traía yo a cuento el muy enclenque regionalismo extremeño, sean estas líneas epítome triste de aquellas. O sea, que otra vez van a ser los de allí los que decidan por los de aquí. Y permítanme un retruécano: que aquel al que más votan no podrá ser votado y aquella a la que menos votan, sí. Lo de María Guardiola pudiera tratarse de una intuición genial, no digo yo que no, pero, como toda intuición, carece de criterio de razón que la sustente. Que sí, que es mujer, que tiene buena presencia, que tiene buen trato, que tiene estudios y hasta es ferviente devota de la Virgen de la Montaña, pero lo demás es un melón sin abrir. No sé cómo andará de devociones marianas Fernando Pizarro, pero, por lo demás, es un melón abierto.

A Pizarro le avalan las urnas (y por eso las invoca)

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Y luego están los otros, los que, a buen seguro, se frotan las manos con semejante intuición (o disparate, según prefieran), los que, a la postre, pudieran beneficiarse del alboroto. Porque, no lo duden, a los que les cuadra el zafarrancho es a los que siguen en la otra orilla, en la, por todos ansiada, orilla del poder.

En fin, esto me recuerda que, en el patio de mi casa, entre jazmines y buganvillas, asoman unos azulejos barcarroteños -¡qué bien suena en mis oídos Barcarrota!- que representan la estocada de Rada; ya saben, el traidor que atravesó a hierro el gaznate de Pizarro. A Pizarro lo asesinaron los suyos. Y yo, que sigo in albis, temeroso de tanta estocada, me encomiendo a la Virgen de la Montaña (y, por si acaso, a la Virgen del Puerto).

*Abogado

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