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El Periódico Extremadura

Pilar Ruiz Costa

el artículo del día

Pilar Ruiz Costa

Escritora

Malcriadas

Isabel Díaz Ayuso cargó en su discurso contra las nuevas medidas feministas anuncias por el Gobierno

Les confieso que he debatido conmigo misma en alguna ocasión sobre cómo actuar ante la barbarie que expresa algún político. ¿Caigo en la trampa de difundir y sumarles propaganda? Ya saben: «Que hablen de mí aunque sea mal» —o como bordó sin pretenderlo M. Rajoy: «Cuanto peor para todos, mejor, mejor para mí el suyo beneficio político»—. ¿Es mejor morderme la lengua e ignorarlos? Aún no lo sé. Mi autorrespuesta más común suele ser que lo que no pueden hacer en modo alguno los medios es repetir simplemente entrecomillando. No cuando lo que se ha dicho falta a la verdad, es injusto o incluso puede resultar peligroso por banalización o incitación. Pues bien, todos estos requisitos se cumplen en el discurso que Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid desde 2019 y —al fin— presidenta del Partido Popular Madrileño desde el pasado congreso celebrado hace escasos días. En su discurso leído —sin espacio para improvisación alguna— cargó contra alguna de las nuevas medidas feministas anunciadas por el Gobierno de España que estos días culmina la Ley del ‘Solo sí es sí’ que incluye entre las conductas agravantes que la agresión sea grupal, que se ejerza violencia o daño grave a la víctima; que esta sea de especial vulnerabilidad; que el agresor sea pareja de la víctima o tenga relación de parentesco y que en la agresión sexual se utilicen sustancias se sumisión química para anular la voluntad.

«Su forma de ver la vida, propia de malcriadas que aspiran a llegar solas y borrachas, desprovistas de responsabilidades ni siquiera ante sus peores decisiones, nos abochorna a la mayoría de las mujeres que trabajamos todos los días por sacar adelante a nuestro país».

Esta falacia de malcriadas es especialmente inoportuna cuando coincide en que este mismo mes de mayo nos han consternado al menos cuatro denuncias de violaciones grupales. Cuando el año 2021 se ha cerrado con un total de 2.143 denuncias por delito de agresión sexual con penetración. 547 violaciones más —un 34,3%— que el 2020 marcado por la pandemia. Pero estas cifras suponen también un incremento del 14,4% con respecto al 2019. Son cerca de seis violaciones al día, o lo que es lo mismo: una cada cuatro horas sin olvidar que la última Macroencuesta sobre Violencia contra la Mujer del Ministerio de Igualdad publicada en 2019 recogía que tan solo un 8% de las víctimas había denunciado estas agresiones. Este ejemplo de discursos machistas formulados sin pudor desde un estrado nos ayuda a entender por qué la inmensa mayoría prefirió tragarse el dolor a denunciar y exponerse a ser doblemente víctima. 

2021 se ha cerrado con un total de 2.143 denuncias por delito de agresión sexual con penetración

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Esta misma Macroencuesta nos trae otros datos horripilantes como el propio discurso de Díaz Ayuso: más de 2,8 millones de mujeres y niñas en España han sufrido violencia sexual. Las mujeres con discapacidad sufren porcentualmente una mayor violencia física o sexual por parte de sus parejas; 21% frente al 14% del resto de mujeres. El 86% de estas mujeres víctimas de violencia sexual en manos de su propia pareja la han sufrido en más de una ocasión y más de la mitad de las que se atrevieron a denunciarlo declararon que la policía mostró escaso interés e hizo poco por resolver su caso.

Malcriada;

1. Dicho de un niño: Consentido y maleducado.

2. Falto de buena educación, descortés, maleducado.

Además de trabajar todos los días por sacar adelante a nuestro país, en las cartas que te da la vida me ha tocado sacar adelante a tres hijos. Sola. Dos hijos y una hija a los que creo sinceramente que he educado para que sean responsables de cada una de sus decisiones. Quisiera poder decir que los he educado sin distinción alguna, en igualdad, pero no es cierto. Todos los que tenemos hijas —o hermanas o amigas— sabemos que hay una significativa diferencia que nos rompe la libertad cada vez que salimos de casa. Tiene muy poco que ver con la libertad de salir a tomarte una caña o pasear sin miedo a cruzarte con tu ex y mucho con el miedo a volver a casa y cruzarte con un desaprensivo cualquiera o una manada. Tiene que ver con el llama cuando llegues; por lo que más quieras, no te quedes sola; con el caminar con el móvil en la mano y las llaves atravesadas entre los dedos. Tiene que ver con el terror absoluto a que tu hija no devuelva una llamada.

Por la mínima parte que me toca —y la mierda de cartas que a veces te da la vida — me ha violado quien era mi pareja y me ha secuestrado e intentado violar un desconocido armado cuando salía del trabajo. En ninguna de las ocasiones iba borracha, pero incluso de haber sido así… créanme que no tendría la más mínima duda de quién sería el responsable y de quién deberíamos abochornarnos. Todos. Aún con más fuerza quienes tienen un micrófono y un puesto de poder. Y por si sinceramente les interesa saber cómo evitar las violaciones, les traigo la receta. No es que las malcriadas no volvamos solas después de haber tomado las cañas que nos vengan en gana… es que no nos violen los malcriados.

*Escritora

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