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El Periódico Extremadura

Antonio Galván González

desde el umbral

Antonio Galván González

Patinetes

El origen del manejo irresponsable de estos dispositivos de movilidad se halla en que los patinetes se siguen concibiendo -de una manera inconsciente quizá- como juguetes

Nuevas formas de movilidad urbana se van abriendo paso poco a poco. A coches, motocicletas, ciclomotores, autobuses, taxis, bicicletas y otros servicios de transporte a demanda o de pago por uso se han sumado, desde hace un tiempo, los patinetes. Todo el mundo sabe que los patinetes existen desde hace décadas. Pero antes eran juguetes en manos de niños, que los impulsaban con sus pies y los músculos de sus piernitas. Y ahora son elementos de movilidad, manejados por niños, jóvenes y adultos, que alcanzan velocidades muy superiores y se cuelan entre peatones y conductores por aceras y calzadas. Su esqueleto reducido, su ligereza, su manejabilidad, la velocidad que alcanzan, la duración de su batería, la posibilidad de usarlos sin conseguir previamente un permiso de circulación y el hecho de que sean accesibles para las economías de muchas familias han hecho que se vendan como rosquillas y que sus incontables propietarios deambulen anárquicamente por pueblos y ciudades generando bastantes situaciones problemáticas y no pocos accidentes. Buena parte de los inconvenientes que han ido surgiendo vienen motivados por la tardanza en la implementación de una reglamentación y por la falta de sentido común de muchos usuarios de patinetes, que, con tal de atajar o ahorrarse unos minutos de espera, invaden los espacios reservados a vehículos y peatones, indistintamente, en función de sus intereses. 

El origen del manejo irresponsable de estos dispositivos de movilidad se halla en que los patinetes se siguen concibiendo -de una manera inconsciente quizá- como juguetes. Y nadie negará que dejaron de serlo en el momento en que ya no fue necesaria la fuerza motriz del cuerpo humano para moverlos y se los dotó de los mecanismos necesarios para alcanzar unas velocidades nada desdeñables. Por eso sería muy aconsejable llevar a cabo una labor de concienciación acerca de la responsabilidad que ha de ejercerse durante su conducción. E igualmente no estarían de más unas lecciones a los usuarios potenciales y reales de este tipo de medio de transporte sobre sus limitaciones, sobre los espacios por los que deben circular y sobre las normas viales que han de cumplir quienes manejen sus mandos. Si no se hace esto con un cierto rigor, los conductores de patinetes seguirán zigzagueando entre coches y peatones, saltando de la acera a la calzada, adelantando por derecha e izquierda, obviando las señales de tráfico, arriesgando su integridad física y poniendo en peligro a los demás usuarios de las vías públicas. Tristemente, en nuestro país, parece que solo con la pedagogía no se persuade lo suficiente. Por eso, para regular de manera efectiva la conducción de los patinetes, acabará por imponerse el uso de métodos coercitivos. O sea: que los infractores tendrán que aprender algo de civismo y ciertas normas de urbanidad a base de multas. 

*Diplomado en Magisterio

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