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El Periódico Extremadura

Raquel Rodríguez Muñoz

Desde el norte

Raquel Rodríguez Muñoz

redactora

Los protocolos pueden cambiar

Si la Sanidad pública quiere mejorar su valoración sobre la privada, solo tiene mirar con los ojos del paciente

Quien más, quien menos, ha pasado por alguna operación a lo largo de su vida. A mí me tocó hace unos años y recuerdo haber ingresado la tarde anterior a entrar a quirófano, haber ocupado una cama de hospital, en mi caso en una habitación individual y haber tenido puesta una vía toda la noche. Hasta la mañana siguiente, no acudió una enfermera a administrar medicación por esa vía que, por otro lado, se había obstruido y tuvieron que cambiar. Todo se había hecho siguiendo el protocolo del hospital.

Los protocolos son palabra de Dios, hasta el punto de que la lógica a veces se deja a un lado porque «lo marca el protocolo». Qué absurdo ingresar la tarde anterior a una operación solo para que te pongan una vía. Además, mi caso sirve para demostrar que podría haber ingresado la misma mañana perfectamente, poner la vía y el tratamiento y listo.

Además, ingresar la tarde antes y me refiero en todo momento a los casos que no son urgentes, en los que el paciente está haciendo una vida normal hasta el momento de la operación, supone ocupar una cama de hospital.

Precisamente, por evitar este problema, porque hay momentos en los que no hay camas disponibles en la planta y "optimizar" así los recursos hospitalarios, sin olvidar que el gran beneficiado será el paciente, la nueva Gerencia del hospital Virgen del Puerto de Plasencia ha cambiado el protocolo y ya no hay que ingresar la noche antes a una operación. Ya se puede dormir en casa y acudir al hospital el día de entrar en quirófano.

La medida se acaba de estrenar y sin duda la agradecerán los pacientes. Desconozco en cuántos hospitales está implantado un protocolo similar, pero deberían tenerlo todos.

Es cierto que es necesario un espacio en el que ubicar esa unidad prequirúrgica, con los sillones correspondientes para los usuarios, pero al final lo que prima es la voluntad, la de poner siempre por delante al enfermo y su bienestar por encima de protocolos y burocracia.

Porque lo que muchas veces percibe el paciente es que la administración da prioridad al aspecto económico, a la optimización de recursos y toda esa palabrería que está detrás de que al final quien manda es Don dinero y hay cosas que podrían cambiar con poco esfuerzo.

Si la Sanidad pública quiere mejorar su valoración sobre la privada, solo tiene mirar con los ojos del paciente.

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