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Víctor Bermúdez

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Víctor Bermúdez

La izquierda en su púlpito

El hundimiento de la izquierda alternativa en las elecciones de Andalucía no ha sorprendido a nadie

Inma Nieto, la cabeza de cartel de Por Andalucía, ante la prensa. El Periódico

El hundimiento de la izquierda alternativa en Andalucía no ha sorprendido a nadie. Lo que sí que sorprende siempre es la diligencia con que ella sola se precipita una y otra vez al abismo. Una diligencia inversamente proporcional a la que debe tener uno en aprender de los errores. Estoy hasta por sospechar que son esos errores, junto a la altivez despechada de los que creen que es la humanidad entera (y no ellos) la que se equivoca, los que dan identidad y razón de ser a buena parte de esa izquierda siempre al borde de la irrelevancia política.

El desafortunado discurso de Inma Nieto, la cabeza de cartel de Por Andalucía (la penúltima marca de la coalición entre IU y UP), la noche del domingo, tras confirmarse su estrepitoso batacazo electoral, fue una exhibición impúdica de esos vicios y errores en los que incurre constantemente la izquierda, siendo el principal de ellos el insoportable complejo de superioridad moral que muestran (algunos con iracundia de obispos y otros con desparpajo de párroco molón, pero siempre con una naturalidad que espanta) buena parte de sus dirigentes y militantes. 

De este modo, y sin caer por un segundo en la tentación de la autocrítica, la dirigente andaluza pasó a desgranar ante las cámaras las causas de su fracaso electoral. ¡Y, por increíble que parezca, ninguna tenía que ver ni con ella ni con su coalición! Así, la causa principal de tamaño fracaso habría sido la falta de participación (y eso que ha sido casi la misma de 2018, cuando la misma coalición obtuvo más del triple de escaños). Esa menor participación – afirmó Nieto – habría supuesto una menor movilización de los votantes de izquierda y, consecuentemente, una pérdida de votos. ¿Conclusión? Que la culpa, lejos de ser nuestra (vino a decir la líder de PA), era de la desidia de nuestros potenciales votantes…

La segunda causa principal del desastre electoral de Por Andalucía habría sido, según dijo Nieto ante toda la prensa, la profusión de encuestas y propaganda mediática que (son sus palabras) habrían “modulado” a la opinión pública para que votara a la derecha. Es decir que la culpa, de nuevo, no es nuestra (vino a insinuar Nieto), sino de la gente que (es idiota y) se deja manipular. Y la prueba es que, estando todos sujetos a las mismas encuestas y a los mismos y maléficos medios de comunicación, solo unos pocos (ellos y sus votantes) habrían sabido resistir tanta manipulación y votar como es debido.

Indescriptible. Es tal la soberbia que se gasta esta izquierda dogmática y completamente fuera de la realidad que, en lugar de entonar el “ahora toca recuperar la confianza de la ciudadanía” de los partidos cuando pierden (más aún ante un fracaso de la magnitud del sufrido), la dirigente se infló a repetir (a coro con Ione Belarra) que el resultado electoral era “una mala noticia para el Pueblo andaluz” ¡No para ellos – ojo – sino para el Pueblo andaluz, que es el que, por lo visto, se había equivocado! Pues si el Pueblo es el que vota, y lo que vota representa una mala noticia para él, la conclusión está clarísima: es el Pueblo, pobrecito mío, el que no sabe lo que hace. Menos mal que Yolanda Díaz estuvo más contenida, y matizó un poco después que el resultado era una mala noticia solo para los progresistas (algo es algo).

Lo único lejanamente parecido a una autocrítica que hizo Nieto fue a la (obvia, crónica, patética) falta de unidad de la izquierda

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Lo único lejanamente parecido a una autocrítica que hizo Nieto fue a la (obvia, crónica, patética) falta de unidad de la izquierda. Y digo aparente porque realmente no fue autocrítica, sino crítica al partido escindido de Teresa Rodríguez, con quien se estuvieron peleando durante toda la campaña (después de pelarse públicamente entre sí por ver quien encabezaba la coalición). Ya saben: lo del Frente Popular de Judea y el Frente Judaico Popular. ¿Pero cómo diablos creen que el electorado puede confiar en una fuerza política dividida por dentro y por fuera, que cambia de siglas en cada proceso electoral, que vive ensimismada en reivindicaciones simbólicas, disputas ideológicas e incomprensibles luchas por una microscópica porción de poder y que, en vez de reconocer su fracaso y hacer propósito de enmienda, se sube al púlpito para reprochar a la gente su desidia, maleabilidad e ignorancia? Pues tal como ven: de ninguna manera.

No sé si está ya perdida toda esperanza, pero si la izquierda alternativa quiere tener aún una mínima expectativa electoral (y falta haría frente a la que se nos avecina) tiene que despabilar, unir fuerzas, abrir ventanas, salir de la parroquia, abandonar el estilo tribal, escuchar, hacer política, dejar de sembrar miedo, tener ideas en lugar de consignas, exhibir proyectos ilusionantes en vez de un cabreo permanente, mirar al futuro en lugar de obsesionarse con la historia y los símbolos, tratar de lo que de verdad importa a la gente y no de delirantes batallas culturales… Y, sobre todo, y por favor, y antes de nada: bajarse de una maldita vez del púlpito.

*Profesor de Filosofía

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