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El Periódico Extremadura

Carmen Martínez Fortún

La curiosa impertinente

Carmen Martínez-Fortún

Antes y después

Rehusó Vara antes de la noche de pasión andaluza valorar las encuestas porque son instrumentos en manos de quien quiere meter (sic) un mensaje y una le preguntaría hoy si los sondeos movieron a la población en masa a fiarse de Moreno y no se debió a su gestión, tranquilidad y moderación y a su inteligente campaña. ¿Se atrevería a sostener el extremeño que es ajeno a la victoria popular el hartazgo ¡la madre de todos los hartazgos! que Sánchez y colaboradores como Delgado, Bolaños, Albares, Montero o Lastra han provocado en los votantes, explosionado hoy en Andalucía pero que intuimos, salvo la ejecutiva del PSOE, que se extiende por la España ancha y profunda, sin distinción excesiva de ideologías, que es lo más peligroso para él? 

"El sufrido Juan Espada, con más cara de Gabilondo que nunca, llevó con señorío el descalabro

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Por no hablar de sus socios dentro del gobierno como la otra Montero, Garzón o Díaz y fuera de él como Rufián o esa señora, por llamarla de alguna manera, de Bildu, la del rictus perpetuo, cuyo nombre no recuerdo ni tengo ganas de mirar.

El sufrido Juan Espadas, con más cara de Gabilondo que nunca, llevó con más señorío el descalabro que Adriana Lastra, ejemplo vivo de lo que nunca se debe hacer ni decir, cuya comparecencia no puedo calificar sin perder la educación pero sí glosar. Y dijo, eso sí de modo tembloroso, que el PP había ganado gracias a que el Gobierno central había contribuido de modo ingente a luchar contra el covid. Le faltó añadir que igual que la Generalitat catalana con la Guardia Civil y Policía Nacional debían haber dejado sin vacunar a todos los andaluces ajenos a la suma fe socialista.

La que tenía que sumar, restó. Marín lloró. La pizpireta Rodríguez se felicitaba ella solita de parar a Vox ¡que multiplica por siete los escaños de AA! Y la misma Olona, al día siguiente de afirmar con amargura contenida que se quedaba, se calificaba a sí misma de soldado sometida a los designios de Dios, que de verdad no se sabía si su privilegiado cerebro le había jugado una mala pasada y estaba confundiendo al Supremo Hacedor con Abascal. 

A día de hoy solo hay un ganador. Y muchos nos felicitamos. 

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