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El Periódico Extremadura

Editorial

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Dejar atrás el lamento y apostar por la ambición

El presidente de la Junta de Extremadura lanzó ayer un discurso más emocional que reivindicativo, más triunfal que victimista, y decidió con ello cambiar de estrategia fraguando un destino para esta región que solo dependa de los extremeños. Guillermo Fernández Vara acudió a la Asamblea al último debate sobre el estado de la región de la legislatura para plantear que ha llegado el momento para nuestra región y que, por tanto, «hay que apostar por el coraje y la ambición y dejar atrás el lamento y el ‘quejío’». Ello supone abandonar la tesis de otro tiempo no demasiado lejano en que se nos presentaba como víctimas de un Gobierno nacional más pendiente de otras zonas del país, que se exigía una deuda histórica que no llegaba y se explicaba a la ciudadanía que si no nos daban un empujón considerable no había manera de alcanzar el tren del futuro en el que ya estaban montadas otras comunidades. Se constata, o más bien quiere dejar patente el presidente de la Junta, que las cosas han cambiado, que se han vuelto a repartir cartas como él mismo dijo ayer desde la tribuna y ahora resulta que llevamos mejor mano que en otros momentos de nuestra historia.

"El victimismo arraigado en la gente desde siempre le impide ver que, de repente, hemos alcanzado cotas aceptables de desarrollo

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Para Fernández Vara hay que construir «un relato poderoso de futuro» y hacerlo entre todos los extremeños de condición para decidir el papel que queremos tener en España, el cual no pasa por recibir «una financiación solidaria» , que lo que queremos es «volar solos», «competir con todo el mundo» y «ser dueños de nuestro destino» porque, dijo el presidente de la Junta literalmente, «se acabó sentarse a la mesa con las cartas marcadas».

Al margen de los anuncios importantes --como la ley del litio para que los recursos mineros tengan que ser tratados aquí desde el punto de vista metalúrgico o una acuerdo para una financiación estable de la Universidad de Extremadura por 5 años--, el presidente de la Junta cambió el guión de lo que vienen siendo estos debates y apostó por un discurso emocional tratando de convencer a sus señorías y, por extensión a los ciudadanos, de que llega un tiempo nuevo a esta región gracias a que algunas cosas se han hecho bien y la coyuntura energética va a favorecer la instalación de grandes industrias. Lanzó unos pocos éxitos como el empleo ahora que se ha alcanzando el récord de cotizantes y el tren rápido que viene a suponer un hito donde el Estado se ha gastado 1.700 millones y avanzó una nueva ley para que ningún menor de edad pueda ser desahuciado de la casa donde resida. Nada de anuncios grandilocuentes como otras veces, nada de medidas ideológicas que puedan alejarle del centro político que tan buen resultado electoral le da y un Fernández Vara muy presidencial para todos como preámbulo electoral. 

No se espera que esta tesis haya convencido a la oposición y en el cuerpo a cuerpo del debate que seguirá hoy miércoles así los demostrará visualizando un choque de trenes. Cuesta trabajo creer que ha llegado un tiempo nuevo y es que el victimismo arraigado en la gente desde antaño le impide ver que, de repente, hemos alcanzado cotas de desarrollo. Aunque es loable que un presidente quiera lanzar un mensaje de optimismo y pida a la ciudadanía que acabe con el lamento, entenderá que esto no se consigue de la noche a la mañana y menos aún tras llevar 40 años con el traje del pobrecito extremeño llamando a la puerta de Madrid para pedir. 

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