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El Periódico Extremadura

Carmen Martínez Fortún

La curiosa impertinente

Carmen Martínez-Fortún

Incendios y AVE

Mientras una dolorida España quemada cura sus heridas ardientes, se abren otras nuevas. Hoy es Tenerife, que lleva calcinadas 2.000 hectáreas, pero sabemos con total certidumbre que mañana se quemarán más en otra parte de nuestra castigada geografía, con la misma certidumbre que sabemos los extremeños que el tren rápido, que se reconoció tarde que no era AVE pero que en tramos alcanzaría los 180 kilómetros por hora e hizo una media de 78 el pasado jueves, seguirá llegando tarde.

Como el PSOE no es un partido asambleario, según escuché a una importante dirigente que justificaba así que los nombramientos y ceses aparezcan en Twitter antes de ser ratificados por el Comité Federal, su querido líder, que pone y quita peones lo mismo que un ama de casa sin síndrome de Diógenes y obsesa del orden se deshace cada temporada de la ropa que le perturba la pulcritud de sus armarios, ha decidido culpar al cambio climático de la escalada de incendios, igual que Putin tiene la culpa de la inflación y el PP, el cadáver de Franco y la extrema derecha de todo lo demás. Él es, en cambio, el experto que todo lo cura y todo lo arregla, según aseguró a un campesino de la Sierra de la Culebra solo quince días antes de que ardiera por segunda vez. 

Del mismo modo, ante los chapuceros retrasos del renqueante Alvia averiado que intenta cada día desde su inauguración sin conseguirlo transportar a los viajeros extremeños que se atreven cogerlo, el subdelegado del gobierno en Extremadura sugería que la culpa del escándalo injustificado es de los medios de comunicación que cronometran y magnifican a diario el fiasco. Matar al mensajero ha sido desde la antigüedad un recurso zafio pero eficaz. Ahora sigue zafio pero no eficaz. Tal vez por eso Renfe, tras cesar al primer cabeza de turco --otro recurso histórico de los tiranos-- dice ahora que, si retarda los tiempos, los sufridos usuarios pensarán que llegan antes. Algo así como dejar aprobar con suspensos.

Nuestros gobernantes llevan demasiado tiempo tratándonos como a tontos. Y es porque nunca llega la hora del escarmiento.

*Profesora

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