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El Periódico Extremadura

Daniel Salgado

Es decir

Daniel Salgado

Falta saber en quién pensaba

Vara reconoce que se trata de un asunto «de suficiente envergadura como para que o se resuelva o el responsable se marche»

En alguien pensaba el presidente Vara el viernes: «Cuando se trata de una vergüenza y una desvergüenza, se corrige sí o sí, o si no, uno se va».

No hay duda sobre la vergüenza y la desvergüenza: se trata de las últimas incidencias del tren, es decir, las posteriores a su inauguración, cuando el rey ya estaba en Zarzuela y el presidente en Moncloa. Porque de otras incidencias, como que se acepte Alvia por AVE, por ejemplo, no parece el momento (y aunque lo fuera). Y en cuanto a las incidencias entendidas como tales, a saber, los retrasos, las averías, etcétera, esas incidencias que han conseguido que los extremeños, tras años de soportación y ridículo, acaben aceptando y reclamando un tren digno en lugar de la dignidad de tener tren (ay Milana bonita, qué buena la intención, qué malas las formas), es obsceno llamarlas incidencias, o sea, episodios, sucesos que sobrevienen, imprevistos… Hombre, hombre, a ver si va a ser el azar. Como ha dicho Vara: «Cuando se produce una incidencia, es una incidencia, cuando se producen muchas…»

Pero a saber en quién pensaba el presidente. No era una amenaza, desde luego: «O si no, uno se va». Aunque el presidente es de los que suele sustituir el pronombre por la tercera persona, Vara no se refería a sí mismo con ese «uno». ¿Quién se va, entonces? Obviamente, no el técnico que ya se ha ido, destituido. Vara ha dicho que «hay que asumir las responsabilidades públicas y las responsabilidades políticas». Y por «responsabilidad pública» puede entenderse perfectamente el presidente de Renfe, sobre todo después de proponer que se cambien los horarios, o sea, las horas de llegada, «para que la gente no tenga la sensación de que llega tarde» (España, país de sensaciones, país de sentires). La duda es la responsabilidad política, que la hay, siempre la hay, siempre debe haberla. Pero no en este caso, parece. El presidente reconoce que se trata de un asunto «de suficiente envergadura como para que o se resuelva o el responsable se marche». Pero también reconoce que «no es el momento de utilizar eufemismos».

Es decir, llámese desvergüenza a la desvergüenza, por fin, sin eufemismos. Pero déjese que el eufemismo asuma la responsabilidad política.

*Funcionario

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