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El Periódico Extremadura

Enrique Pérez Romero

Nueva sociedad, nueva política

Enrique Pérez Romero

El «rapidito»

El tren extremeño ha sido un escándalo en la primera semana de su puesta en marcha

El «rapidito». Efe

La ironía quiso que la inauguración del «tren extremeño» (18/07/2022) coincidiera con la campaña comercial (14/07/2022) del nuevo producto de una conocida marca de panadería, unas tortitas para calentar en el microondas. El eslogan de la campaña es: «Prepáralas rapidito para disfrutarlas despacito». 

La campaña propagandística coordinada por los diputados del PSOE extremeño, el Gobierno de España y la Junta de Extremadura no podría encontrar mejor lema: «Móntese en el nuevo tren rapidito para disfrutarlo despacito». 

Los responsables institucionales han tenido muchos problemas definiendo el «nuevo» (no es nuevo, sino reutilizado de Galicia) tren que pasa por Extremadura: «AVE» según invitación oficial que se distribuyó para el acto al que acudiría Felipe VI; «Alvia» (marca comercial de Renfe capaz de llegar a 250 km./h., muy lejos de la línea extremeña); tren «de altas prestaciones» (una metonimia que en realidad debería aludir a las «líneas de altas prestaciones», pero las extremeñas no lo son); o tren «de alta velocidad» (que la Unión Internacional de Ferrocarriles solo considera a partir de 200 km./h.). 

Teniendo en cuenta las dificultades definitorias y que ninguna de ellas se ajusta a la verdad, creo que será más fácil que lo llamemos «el rapidito». Todos nos entenderemos, sabiendo que es un tren con capacidad de ir «un poco» más rápido que los antiguos, siempre que ese día se alineen todos los astros del azar ferroviario.

La realidad técnica es que se trata de un convoy usado que se empleó en Galicia durante diez años, perteneciente a la serie 730 de Renfe. Los trenes de esta serie están preparados para ofrecer altas prestaciones si la vía lo permite, algo que no ocurre entre Madrid y Badajoz. Es conocido por los expertos como «tren Frankenstein», puesto que se construyeron reutilizando quince trenes de la Serie 130, con vagones de Talgo Serie VII y dos furgones extremos con motor diésel, que le permiten hibridar la tracción con la eléctrica. 

El «rapidito» extremeño ha sido un escándalo durante la primera semana de su puesta en marcha porque llegó a tener hasta setenta minutos de retraso que, en la práctica, significa circular con los mismos tiempos que antes, incluso superiores. Todo esto pasaba escasas jornadas después de la segunda inauguración de la línea, esta vez con la presencia de Felipe VI y Pedro Sánchez, además de las ya consabidas de Fernández Vara y la ministra y consejera del ramo. 

La presión pública —en redes sociales, pues con el calor debe ser que no compensa manifestarse para estas cosas— obligó a cesar a un técnico-cabeza de turco de Renfe pero, como era previsible, eso no solucionó los problemas. Le tocó el turno a su presidente, Isaías Táboas, nombrado por Pedro Sánchez el 28/06/2018, procedente de la secretaría general de presidencia de la Generalitat de Cataluña con José Montilla.

Creo que la ciudadanía extremeña merece algo más que una visita relámpago de un alto cargo nombrado por Sánchez

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Sus palabras redoblaron el escándalo porque confirmó lo que intuíamos: que no se trata de un tren de alta velocidad, que la línea no permite mejores prestaciones, y que, lejos de adaptar la velocidad a la anunciada por Renfe, adaptarán lo anunciado a la velocidad real. Es decir que, minutos arriba o abajo, y dependiendo del día, nos quedamos como estamos. Por si fuera poco, deslizó posibles riesgos en la seguridad.

Es posible que me equivoque, pero yo creo que la ciudadanía extremeña merece algo más que una visita relámpago de un alto cargo nombrado por Sánchez que se traduce en tal tomadura de pelo. Lo que necesita la mayoría de la gente que yo conozco es dimisiones políticas asumiendo responsabilidades por el fiasco. 

Si los responsables institucionales inauguraron el tren (dos veces) sin conocer sus limitaciones técnicas, han sido inaceptablemente negligentes. Si, tal como casi todos pensamos, las conocían y han mentido para poder ponerse una medalla pocos meses antes de las elecciones, la responsabilidad es aún mayor. 

Ya sabemos que pedir dimisiones en España es ofrecer brindis al sol, pero no es menos cierto que la sociedad extremeña está ya muy cansada de que se la humille, se la mienta y se la tome por el pito del sereno. Que nadie dude que el «rapidito» tendrá consecuencias políticas, quieran o no sus responsables.

*Licenciado en CC de la Información

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