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El Periódico Extremadura

Juan José Ventura

Zona Zero

Juan José Ventura

Los toros vuelven a las fiestas

Es preciso que en las fiestas taurinas no se pase ‘de la risa a la tragedia’ en un abrir y cerrar de ojos

Vuelven los toros. No saben ustedes cómo se vive el toro en los pueblos. O sí, si son de alguno. Tras dos años de paréntesis, una auténtica travesía del desierto para los aficionados, han vuelto a programarse vaquillas, lidias tradicionales, encierros y corridas con matadores y rejoneadores. Hay un hambre de toro como no conocía. Los encierros de Coria y de San Buenaventura en Moraleja han sido uno de los primeros en programarse, pero ya no hay apenas pueblo en fiestas que no los haya recuperado. Siempre me he preguntado por la seguridad de estos espectáculos. Seguridad por la plaza en sí. En las plazas más tradicionales se utilizan estructuras de madera y talanqueras realizadas por los propios aficionados. Sé que se revisan a conciencia, pero en el mundo del toro todo es sorpresivo y aleatorio.

Me preocupa igualmente la seguridad de los propios aficionados que, en ocasiones, saltan a los ruedos en condiciones físicas que no son óptimas y en otras tras la ingesta de bebidas alcohólicas. Bien es sabido que el alcohol es un desinhibidor y nos hace sentir más fuertes, más ágiles y hasta más guapos de lo que somos. Pero es un espejismo. El toro se encuentra en una situación de estrés en la plaza y puede tener reacciones inesperadas. También me preocupa por la calidad de los servicios asistenciales en caso de cogida y los tiempos de reacción para llevar a los heridos al hospital de referencia. Lo normal es que no pase nada, pero a veces sí que pasa y es preciso que en las fiestas no se pase ‘de la risa a la tragedia’ en un abrir y cerrar de ojos. Me acuerdo especialmente de Julián Muñoz Terroso, de 30 años, fallecido este año en Portaje tras ser corneado por un toro, hijo de mayoral y gran aficionado a la fotografía taurina. Aunque era un experto fue sorprendido y encontró su final en aquello que más amaba.

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