Aquel sábado terrible Gerardo estaba solo en casa. Su familia se había ido al campo para dejarle en paz, pues a Gerardo había que dejarle en paz de vez en cuando. Al poco de quedarse en paz, sin embargo, se puso nervioso. ¿Qué hacer consigo mismo durante el fin de semana que se extendía ante su mente? Tenía en la cabeza una idea para escribir una novela. La tenía desde hacía 20 años para ser exactos y siempre culpaba a su mujer y a sus hijos de no facilitarle la tranquilidad precisa para comenzarla. De ahí que se fueran de vez en cuando de casa para proporcionarle el espacio de soledad que requería el acto creativo. Pero ponerse a escribir una novela un sábado por la tarde le parecía ahora un despropósito. Los escritores de verdad escribían entre semana: los lunes, los martes, los jueves… 

No obstante, encendió el ordenador y se puso a ello. Había escrito y tirado a la basura miles y miles de primeras frases. Si las reuniera todas, podría publicar un libro de tamaño de un bestseller. Estaba convencido de que la cuestión consistía en dar con esa primera frase para que el resto de la novela se desplegara ante él como un mapa. Entonces escribió: «Un sábado terrible, me quedé solo en casa». Se separó del teclado, leyó la frase y salivó de gusto. Tenía ritmo (de hecho, estaba compuesta por dos heptasílabos), ritmo y contenido. ¿Por qué era terrible ese sábado? Todos lo son en alguna medida, pensó, pero el de su novela sería un sábado inolvidable. Tan satisfecho estaba de este comienzo, que decidió premiarse con una copa de vino y con un cigarrillo. Hacía meses que no fumaba, pero guardaba un paquete en un cajón por si se daba una situación desesperada o feliz. Esta era feliz. 

Tras la primera copa de vino, se puso una segunda, que acompañó de un segundo cigarrillo. Fumaba y bebía mientras iba de un lado a otro del pasillo paladeando esa primera frase («Un sábado terrible, me quedé solo en casa»), cuyo excelente sabor literario potenciaban el vino y la nicotina. Al cabo de una hora, de varias copas y de diez cigarrillos, estaba algo borracho y con la garganta seca. Entonces, pensando en el domingo terrible que le quedaba por delante, telefoneó a su mujer y le rogó que volviera cuanto antes con toda la familia. H

*Escritor