Llegamos al final de este curso político en medio, metafóricamente hablando, de un légamo. Un tono sucio, como de lodo o barro arcilloso en el que se pone el acento en todo lo que no funciona y se minusvaloran, cuando no se desprecian, los enormes aciertos o avances conseguidos.

Algunos hablan de problemas de comunicación. Otros se centran en la comprensión ( incluso en la frustración) de no entender cómo es posible que con tantas cosas positivas que se han llevado a cabo en los últimos meses, el Gobierno, según los medios de comunicación, las encuestas o incluso el sentir generalizado de mucha gente, traslada un enorme desgaste.

No es menos cierto que siempre la noticia ha sido lo que se sale de la norma. Parece que es la obligación de los responsables públicos hacer las cosas bien. Por lo tanto, eso es lo normal. Por consiguiente, eso no solamente se da por supuesto, sino que se silencia en multitud de ocasiones.

Tampoco podemos obviar los impresionantes desastres en determinadas gestiones. Y no merece la pena mirar para otro lado. Buscar excusas. Ser complacientes a la hora de empatizar con el que yerra. Si queremos solucionar un problema, el primer paso a dar es reconocerlo.

Por eso duele no poder dar respuestas satisfactorias a los interrogantes que cada día surgen. No dudo que sea importante publicitar todo lo que se hace. Sin embargo, entiendo que, quizás, sea más necesario poder tener argumentos para aminorar las críticas.

Del mismo modo y en una hipotética carta de buenos deseos, me agradaría ver a una oposición que supiera conjugar adecuadamente el verbo construir. Sí, estamos habituados en momentos de cambios a escuchar que te digan que los nuevos proyectos no son partidistas. Que les interesa el bienestar general. Que anteponen las personas a sus partidos. Sería el momento de poder verlo hecho una realidad.

Iniciaremos en breve un ciclo preelectoral. A riesgo de no ensuciarlo. De no sumergirnos en el légamo del que hablábamos al principio, sería deseable por parte de la mayor parte de la ciudadanía, vernos a los políticos muchas más veces unidos en torno a cuestiones que estoy seguro a todos nos identifican. 

Mientas esto sucede, cojamos fuerzas, fundamentalmente mentales, para afrontar un intercambio de ideas lo más limpio posible. Todos saldremos ganando.

*Historiador y diputado del PSOE