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El Periódico Extremadura

MARIAN ROSADO

El paréntesis

Agosto es el mes de la pausa, del pueblo. De las horas en la piscina y los paseos al atardecer. El picadillo y el gazpacho en la mesa. El cine de verano los domingos. Las carreras en bicicleta por los caminos.

Agosto es el mes en el que ya hace falta la rebequita por la noche. El último suspiro del calor que aprieta. Del cantar de las chicharras. O lo era. Antes las escuchábamos por la siesta, ahora todo el día. Hemos ido empalmando alertas por altas temperaturas todo el mes de julio. Un sol que aprieta y unas noches propias del trópico. Nos encomendamos al termómetro para que se calme en este mes que entra. ¿Siempre ha hecho calor en Extremadura en verano? Sí. ¿Tanto? Los datos dicen que no. En las últimas décadas se han incrementado el número de olas de calor y estas, a su vez, duran más días. 

No refresca. Y los montes se queman. Y ante este problema, dos visiones que no solucionan nada pero que parecen las dominantes: la de los negacionistas del calentamiento global y de la crisis climática y la de aquellos que lo usan como comodín. Unos apuestan por no hacer nada porque es lo normal. Los otros no hacen nada porque la causa está más allá. Mantener el bosque limpio, regenerarlo con flora autóctona o apoyar al mundo rural para que el campo no se vacíe ya parece que es demasiado profundizar.

Por eso, aunque los pueblos se llenen en agosto, necesitan de gente todos los días del año que mantengan el campo que los rodea. Esos que disfrutan tantos en este mes. 

Agosto es el mes de las señoras en babis regando las plantas al final del día. Del agua corriendo por las calles empedradas. De la recogida del tomate y del olor a la vendimia. Del flax de sabores y la granizada de limón. De ser consentidos en la casa de los abuelos.

Es el mes de los recuerdos de la infancia. Los últimos 31 días antes del volver a empezar, de la rutina de septiembre y del otoño que anticipa la oscuridad. El fin del periodo estival. La vuelta de Perséfones a la oscuridad del Hades y la nuestra al delirante sistema que apenas nos permite parar. Trabaja más, cobra menos. Consume más, contamina menos. Todos los titulares, ninguna lectura.

Agosto era el mes de las conversaciones hasta medianoche. La pausa. El paréntesis. A la fresca.

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