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El Periódico Extremadura

Antonio Galván González

desde el umbral

Antonio Galván González

El dedo y la luna

Hay un viejo proverbio que indica que “cuando el sabio señala a la luna, el necio mira al dedo”. Y no hay que hilar mucho para encontrar las coincidencias entre lo que expresa dicha sentencia y lo que ocurría hace unos días cuando la nueva líder del Partido Popular de Extremadura se subía al tren que conecta Extremadura con Madrid para denunciar el incumplimiento de promesas, el paripé de una inauguración prematura, los retrasos en los horarios y las dudosas prestaciones de un tren de segunda clase que los gobernantes socialistas han tratado de vendernos como de primera categoría

La presidenta de los populares extremeños, María Guardiola, acertaba situando el foco sobre la realidad de ese tren de la vergüenza. El paupérrimo servicio ferroviario con que cuenta Extremadura simboliza como pocos asuntos el trato discriminatorio que hemos sufrido a lo largo de décadas. Pero, al mismo tiempo, refleja con meridiana claridad el diferente rasero que aplican los políticos socialistas según si sus cuates ocupan los sillones del poder o la bancada de la oposición. Cuando los populares gobiernan, los socialistas extremeños se muestran indignados hasta cuando se licitan y erigen más tramos y kilómetros de vía. Sin embargo, cuando la responsabilidad de gobierno es de sus compañeros, se esfuerzan, con inusitado pundonor, para desviar la atención, repartir responsabilidades y escurrir el bulto.

Monago estuvo en la capital del reino reclamando un tren digno para Extremadura con Rajoy como presidente del gobierno. Sin embargo, si repasan la hemeroteca, no encontrarán a Vara manifestándose en Madrid para reivindicar un transporte ferroviario decente en tiempos del ínclito Zapatero. Y, por supuesto, no lo verán levantando la voz frente a ese Sánchez del que, ahora, es leal escudero. Que se ponga de relevancia todo esto es lo que escuece en las filas socialistas, donde saben que el grado de irritación de los extremeños respecto al tema del tren ha rebasado todos los límites. Por eso, aprovecharon un error de la candidata popular a la presidencia de la Junta para tratar de que la ciudadanía mire al dedo y no a la luna.

Porque Guardiola solo se equivocó al escribir un tuit denunciando que no había enchufes junto a los asientos y pidió inmediatamente disculpas al comprobar que estaban ocultos bajo los asientos. Pero Vara y Sánchez aún no han pedido perdón por organizar una ceremonia de la confusión, con todos sus fastos, para engañar al pueblo extremeño una vez más. Piensan que conseguirán ocultar la realidad lanzando a sus troles tuiteros contra la candidata popular. Pero se equivocan. Porque los extremeños ya estamos cansados de mentiras y embustes. Y porque cada vez más ciudadanos se niegan a resignarse a ser mansos pobrecitos que agradecen las migajitas que Sánchez lanza después de cubrir de oropeles a separatistas, nacionalistas y filoetarras.

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