Kiosco

El Periódico Extremadura

Carmen Martínez Fortún

la curiosa impertinente

Carmen Martínez-Fortún

La Virgen del patio

Me cuentan los amigos en mi reencuentro veraniego que este año ha llovido mucho en el Levante almeriense. Corrían aguas como nunca incluso en Rodalquilar. Pero ellos no se acostumbran. Sin duda esas lluvias fueron las que desprendieron la Virgen que mi hermana tenía colgada en el patio, la misma de aquel otro enorme de casa de mis padres, que antes fuera corral de tierra, gallinas y conejos en la de mi abuela, cuando cada mañana pasaba el cabrero y desayunábamos leche recién ordeñada.

Una virgen humilde de escayola y vieja que dejó una huella de alambre enmohecido en la pared. Como mi hermana ha cumplido una edad suficiente para festejarla, me propuse regalarle otra y en mi modo impaciente lo creí tarea fácil. Vana ilusión. Como al rastrillo de los domingos en Mojácar se lo llevó la pandemia, en el anticuario del pueblo siempre colgaba un cartel de vuelvo en cinco minutos y en el mercado artesanal de la playa de Vera, el único chamarilero estaba especializado en botellas viejas y máscaras de gas, proseguí mi búsqueda incierta en los bazares chinos primero, en las tiendas de manualidades después y en las de decoración. Todo en vano. En el bazar solo encontré de todo, como ocurre en los bazares, algún santo horrendo también, pero ninguna Virgen. Manualidades más cercanas nos llevaban ya hasta Lorca o a Águilas, demasiado lejos para transitar carreteras en estas calurosas fechas, y en la tienda de decoración encontramos figuras miles, pero ninguna madre de Dios.

Allí había Budas de todos los tamaños y variedades, cabezas, torsos y cuerpo entero, elefantes, esculturas africanas a docenas, incluso ángeles hermosos o más o menos siniestros y muchos maceteros de bustos romanos, matronas, filósofos y púberes. Ninguna Virgen con la que cubrir la pérdida de la que acompañó durante tantos años nuestras cenas ruidosas alrededor de la mesa de mármol blanco. En Internet, lo mismo. Budas en lugar de Vírgenes. Y como no quiero volverme conspiranoica, amigo lector, recurro a las tiendas de imágenes religiosas católicas. Que aún quedan, por fortuna. 

* Profesora

Compartir el artículo

stats