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El Periódico Extremadura

Rocío Sánchez

No es el enchufe

La reflexión me la hacía hace poco una profesora de Lingüística de la Universidad de Extremadura. Decía que ahora, al leer habitualmente a través de las pantallas, el ritmo es más frenético y es mucho más fácil convertir la lectura en un simple producto de usar y tirar. Aseguraba que, en consecuencia, no leemos en profundidad, lo que significa no poder crear una visión crítica contundente, o no barajar argumentos claros con los que poder debatir a sabiendas de que siempre hay matices y grietas. Añadía también que esa superficialidad alimenta la polarización de las posturas, cada vez más alejadas, más enfrentadas. Las redes sociales son la gran evidencia.

Ese contexto de consumo rápido, sin digestión, salpica directamente a la manera de hacer política. De cara a potenciar el populismo, sale más rentable el enfrentamiento frívolo y las polémicas insustanciales.

Hay un ejemplo reciente que sirve de explicación:

El problema no fue que la presidenta del PP extremeño, María Guardiola, no encontrara el enchufe en el nuevo Alvia en su viaje desde la región hasta Madrid. La cuestión es que primó su ansiedad de crítica rápida, trivial, de que no había enchufe para cargar su móvil, que sí lo había, sin importar las consecuencias. Es obvio que cualquier comentario sobre el tren genera gran polémica en Extremadura. Y se ganan seguidores. Todo el mundo lo sabe. Pero ese modus operandi es caer en la política del Tik Tok. 

La realidad es que ahora la tendencia es apostar directamente por la destrucción. Porque gusta más poner el foco en los problemas, regodearse en ellos, repetir una y otra vez lo que está mal (¿recuerdan aquello de cuanto peor, mejor?), en lugar de poner el foco en las soluciones, en lo constructivo, si de verdad lo que importa --me temo que no-- es que haya avances.

Desgraciadamente no es algo anecdótico ni característico de alguien en concreto. Es la tónica común de quienes creen que hacer política es solo el ‘o conmigo o contra mí’. Y nada más. Si tú dices una cosa, yo la contraria. Sin necesidad de profundizar, ni por supuesto sosegar. Es esa la filosofía que manda. 

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