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El Periódico Extremadura

JOAQUÍN RÁBAGO

Al Qaeda

Joaquín Rábago

Asesinato extrajudicial

Lo que tenía que haber hecho Biden era detener a Zawahiri, pero ¿temía que revelara cosas sobre el papel saudí en los atentados del 11-S?

No parece casi nadie preocupado por el asesinato por EEUU, con ayuda de un dron, del ex lugarteniente de Osama bin Laden, y luego sucesor al frente de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri. Lo que más parece impresionar a todos es la alta precisión del arma utilizada, sin que nadie se pare a pensar lo que significa que un país liquide a un personaje, por repugnante que sea, tras violar el espacio aéreo de otro.

Imaginemos lo que ocurriría si un dron matara a un terrorista buscado por EEUU en la capital danesa pero, claro está, Afganistán no es, para su desgracia, Dinamarca, ni siquiera Ucrania.

Como nadie parece acordarse de todos los inocentes muertos en ese tipo de ataques por la superpotencia, en su búsqueda de reales o supuestos terroristas. Como tampoco de la muerte de 10 civiles por drones de EEUU, justo el día en que la superpotencia abandonaba, humillada, Afganistán.

Ni acabará el asesinato de al Zawahiri, porque no puede calificarse de otro modo, con tan execrable fenómeno como es el terrorismo porque otro ocupará su puesto, como ocurrió con bin Laden.

El cirujano egipcio, convertido en líder de Al Qaeda junto al saudí, llevaba 21 años en la lista de buscados por la CIA que, como en las películas del Oeste, ofrecía 25 millones de dólares por cualquier información que condujese a su captura.

Y se le atribuye, igual que al segundo, una responsabilidad directa en los atentados con aviones contra el Pentágono y las Torres Gemelas neoyorquinas, que causaron cerca de 3.000 muertes de inocentes, junto a las de los terroristas suicidas que viajaban a bordo. 

Sin embargo, la ONU había determinado que Al Qaeda no representaba ya una amenaza internacional inmediata y directa, por carecer de capacidad operativa y porque esa organización no parecía interesada en crearles más problemas a los talibanes. «Se ha hecho justicia», proclamó el presidente de EEUU, Joe Biden, al dar a conocer la muerte del terrorista egipcio, al igual que había hecho su predecesor, Barack Obama, cuando un comando de EEUU liquidó a bin Laden en su escondite paquistaní.

Sin embargo, la reputada profesora de Derecho Marjorie Cohn, ex presidenta de la Asociación Nacional de Abogados de EEUU, no está de acuerdo y afirma que un asesinato extrajudicial no es hacer justicia. Lo prohíbe el Pacto Internacional sobre Derechos Civiles y Políticos, ratificado por Washington, que dice en su artículo 6 que nadie «será privado arbitrariamente de la vida».

En su interpretación de ese artículo, el Comité de Derechos Humanos de Naciones Unidas señala que «todos los seres humanos, incluidos los sospechosos de los crímenes más graves, han de estar protegidos por el derecho a la vida».

Según Agnès Callamard, relatora especial de la ONU sobre ejecuciones sumarias, arbitrarias o extrajudiciales, «solo podrá recurrirse a la fuerza letal o potencialmente letal en caso de una amenaza inmediata a la vida». Es algo que prohíben también las convenciones de Ginebra, que regulan el derecho internacional humanitario.

La profesora Cohn llega más lejos y opina que ese tipo de asesinatos, en ausencia de peligro de ataque inmediato al país o a sus Fuerzas Armadas, están prohibidos por la Resolución de Poderes de Guerra de EEUU, cuyo objetivo es controlar el poder del presidente de enviar tropas de combate sin autorización expresa del Congreso.

Lo que tenía que haber hecho Biden era intentar detener al terrorista egipcio con los medios extraordinarios de que dispone para juzgarle por sus pasados crímenes, pero ¿acaso temía Washington que pudiera revelar cosas sobre el papel de las élites saudíes en los atentados del 11 de septiembre, que no le interesa que se conozcan? 

*Periodista

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