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El Periódico Extremadura

Ramón Gómez Pesado

Monarquías 'obsoletas'

Ya todos sabemos que la sangre de los reyes, reinas, princesas y príncipes no es de color azul, sino tan roja como la que usaban nuestras madres y abuelas para hacer las morcillas

Me dice, sin ninguna acritud, mi amigo cordobés, el de Montoro, el pueblo donde más calor hace, en verano, de todos los de España, que deberían todos los países civilizados, a medida que sus reyes y reinas van entregando sus almas a Dios, aprovechar para irse deshaciendo de una tradición tan antigua que, en los tiempos que corren, no parece que jueguen el mismo papel que antaño jugaron, cuando, aunque recibido el cargo por la herencia de su sangre azul, se pringaban de lo lindo en el gobierno, tomaban decisiones y eran imprescindibles y relevantes en la marcha de sus respectivos países y territorios.

Pero desde que ya todos sabemos que la sangre de los reyes, reinas, princesas y príncipes no es de color azul, sino tan roja como la que usaban nuestras madres y abuelas para hacer las morcillas, vamos siendo todos un poco más escépticos a la hora de aceptar unos líderes porque sí, porque les viene dado el título desde la cuna.

La propia y reciente Primera Ministra británica LizTruss, aunque respetuosa con las tradiciones, ya dijo en su momento que ella estaba absolutamente en contra de la idea de que las personas pudieran nacer para gobernar. Consideraba, entonces, que era vergonzoso que las personas, debido a la familia en que nacieran, pudieran ser el Jefe de Estado del país. Cierto es que estas declaraciones en prensa, hechas por la mandataria británica, fueron hechas en el año 1994, cuando Liz contaba sólo 19 añitos, la misma Liz Truss que ahora rinde pleitesía al nuevo rey Carlos III de Inglaterra.

Y, aunque evidentemente ha cambiado de opinión, ésa era la suya cuando era joven, que coincidía en gran medida con la opinión que tiene ahora la mayoría de los jóvenes en el Reino Unido, de los que sólo un 30 por ciento apoya la Monarquía. Ellos ya no se sienten identificados con ella y preferirían acabar con la institución.

Y es que da incluso miedo, me dice, encararse ante el balcón del Buckingham Palace, donde suele aparecer el príncipe Guillermo con el tradicional y flamante uniforme rojo de almirante de la Marina Real rodeado de padre, madrastra, hermanos, sobrinos, tíos y tías, primos segundos y terceros, incluso cuartos, todos agarrados a la posibilidad real de mantener un número para, en su caso, poder gobernar algún día.

Al rey Carlos III ya se le ha visto el tintero, quiero decir, el plumero, por ser todo un carácter, profundamente “upset”

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La carga que se ha visto obligada a soportar la reina Isabel II en todos estos años en los que ha tenido que dar la cara y perdonar los deslices amorosos del Príncipe Consorte, el tortuoso y tormentoso matrimonio de su hijo Carlos con la inolvidable Diana de Gales, la infidelidad pública del Príncipe de Gales, quien, en un momento de la historia, él mismo afirmó que quería convertirse en tampax, con “alas”, por supuesto, de su amada Camila Parker Bowles, el terrible divorcio de su primogénito, los turbios y turbulentos asuntos en los que el príncipe Andrés, también divorciado de Sarah Ferguson, se ha visto envuelto, los innumerables dolores de cabeza para tener que declarar públicamente que ha tenido años horríbilis, y años, aún más horríbilis que otros, ha sido larga y pesada.

Y, entre otras cosas, al rey Carlos III ya se le ha visto el tintero, quiero decir, el plumero, por ser todo un carácter, profundamente “upset” por no tener orden en una simple mesa de firmas. Mientras tanto, los británicos, que para esto se pintan solos, cumplen con esta transición agarrados a la tradición, desde una punta a otra del Reino Unido, procesionando con pasos que ni los de la Semana Santa, y entonando de vez en cuando el Hip, Hip, Hurra en inglés mientras sueltan cañonazos con pólvora que paga la reina. A ella la ha guardado Dios durante más de 70 años en el trono, pero lo que no sé es si el mismo Dios podrá seguir vigilando, guardando y salvando a toda su extensa prole que ahora se asoma, compungida, al larguísimo balcón del Palacio de Buckingham.

*Ex director del IES Ágora de Cáceres

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