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El Periódico Extremadura

Raquel Rodríguez Muñoz

Desde el norte

Raquel Rodríguez Muñoz

redactora

La sumisión, ahora química

Esto es muy grave y, si no queremos ver un aumento de mujeres violadas, hay que pararlo ya

El machismo se sustenta sobre un mantra, que el hombre es por naturaleza superior a la mujer y esta debe ser, por lo tanto, sumisa, obediente. En los últimos tiempos, parece que, si no lo es por las buenas, lo será por las malas.

Digo yo que esta debe de ser la filosofía de quien no duda en coger una jeringa y llevársela de copas para pinchar a una mujer e inocularle una sustancia paralizante que le permita hacer con ella lo que quiera. No imagino una maldad mayor que la de los asesinos o violadores, que en realidad es lo que son, además de cobardes porque es más facilito utilizar a una mujer que no puede defenderse que a otra que sí puede.

Veo con asombro que la sumisión química, el pinchar a mujeres -porque todavía no he leído que le haya pasado a ningún hombre- se ha convertido en una moda y lo que me parece más preocupante, sin menospreciar al resto de mujeres, es que se está empleando también con menores.

Hasta cuatro lo han denunciado este verano en Extremadura, más otras dos adultas y, aunque los informes toxicológicos no han detectado ninguna sustancia en sus cuerpos, otras de todo el país han corrido peor suerte. Y digo yo, ¿hasta dónde ha degenerado el machismo y la violencia contra el género femenino que estos pinchazos son cada vez más comunes? Y además, ¿tan fácil es conseguir una sustancia paralizante?

Hemos pasado de las manadas a esto. Parece que no hay fin en el maltrato y el desprecio hacia la mujer. Al final no vamos a poder salir de casa. La ministra de Justicia ha dicho este verano que se les está expulsando de espacios públicos, ya que los pinchazos se están dando en zonas de ocio o locales de copas y ha pedido que se denuncie, claro, otra cosa será que se pille al autor.

El Estado ya tiene un protocolo de actuación, la Junta de Extremadura fue rápida también en anunciarlo, pero la sensación de inseguridad ya se ha instalado en muchas mujeres, adultas, menores y madres y padres de estas. Cuidado con las aglomeraciones, ojo en los bares y discotecas, incluso en las fiestas de pueblo. Es de locos que una mujer no pueda ya salir a divertirse sin temor.

No puedo evitar sentir que pasa lo mismo que con las mujeres asesinadas, contamos y numeramos los casos y nada más. Esto es muy grave y, si no queremos ver un aumento de mujeres violadas, hay que pararlo ya. 

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