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Carmen Martínez Fortún

La curiosa impertinente

Carmen Martínez-Fortún

Prensa rosa y populismo

Aplaudo a Tamara Falcó cuando dice que prefiere hablar de Íñigo que de impuestos y cuando responde que no somos monos lascivos a un inoportuno Juan del Val, empeñado en la inevitabilidad de la infidelidad, ya por polemizar ya porque goza de menos empatía que una avispa. Ahogando las penas de la sufridísima clase media trabajadora a la que ha vuelto a penalizar el gobierno con su improvisado paquete de medidas fiscales, muchos nos refugiamos en la frivolidad por huir de pensar en el futuro incierto aquí y cruel allí. Así, media España está fascinada con la naturalidad de esta chica con todas las papeletas para convertirse en una pija que debía su fama a ser hija de y que ha resultado al fin extremadamente simpática y un fenómeno mediático al que querrían emular multitud de políticos. 

Puede que la otra media la envidie, la desprecie y le desee lo peor. Tal vez algunos la ignoren. Sin embargo, es difícil no simpatizar con su disgusto aunque se cuestione que se gane la vida mostrando las vísceras tanto si están sometidas a achicharramiento amoroso como a desamor incendiario. Por tratarse de una elección personal a la que se dedica en estos tiempos de reinado de las redes sociales con mayor o menor fortuna tanta gente, una aplaude al que lo hace con elegancia, buen humor y estupenda educación, pues algo más que simpatía y espontaneidad tiene que tener el entrañable personaje para que su imagen valga una millonada en cualquier fotocall y su documental en Netflix haya supuesto tal éxito que ya se está preparando el segundo.

Lo que resulta absolutamente hipócrita es criticar que venda su intimidad a quien lo hace por dinero y hallarlo comprensible en quien, por propaganda y poder, se monta su peliculita al paso de las estaciones en Moncloa, en un momento crítico e impopular para su persona. Algo empezó a tambalearse cuando los políticos empezaron a actuar como personajes del corazón. Ahí se forjó la cuna del populismo. Y estos son tiempos en que hasta las formaciones más serias han caído en la trampa. Y nosotros con ellos. 

* La autora es profesora.

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