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Pilar Galán Rodríguez

Jueves Sociales

Pilar Galán Rodríguez

El día de la marmota

Extremadura es un territorio ideal, un lugar al que la gente debe volver. No lo digo yo, que soy extremeña, y puedo pecar de subjetividad al hablar de mi tierra, sino el presidente de Pikolín, Alfonso Solans, en el congreso de empresas familiares que se acaba de celebrar en Cáceres. Un elogio más para nuestra comunidad, desconocida para muchos, que siguen pensando que somos una zona a caballo entre el desierto y la nada.

Para hablar bien de Extremadura, sin caer en tópicos, hay que venir a conocerla, y dejarse sorprender por un lugar que ofrece infinitas posibilidades de ocio, cultura y disfrute. El problema, claro está, es venir, no precisamente para el presidente de Pikolín ni para ninguno de los otros que han acudido a Cáceres, sino para cualquiera que tenga que utilizar el transporte público.

O para cualquier extremeño o turista que quiera desplazarse entre las dos capitales de provincia, conectadas por una carretera con vistas inmejorables pero con muy poca vista comercial, porque aún no es autovía. Lo del transporte en nuestra comunidad se parece mucho a la ficción, pero por desgracia, tiene mucho más de realidad. A no ser que quieras coger tu propio coche (si dispones de él, por supuesto), subirse a un tren es una osadía. Cuatro horas y media para llegar a Sevilla, en el mejor de los casos, que está a unas dos horas y poco en coche.

Otras tantas para Salamanca. Y de Madrid, mejor ni hablamos. El AVE ni está ni se le espera, y los autobuses bastante hacen con cubrir rutas, aunque también tarden más del doble. Algunas medidas sí hay, como la tarjeta abono de Renfe, que gracias a la picaresca de muchos, se ha convertido más en un embudo que en una oportunidad. Reservar billete por internet es misión imposible porque los imitadores del Lazarillo (mejor del Buscón, que el Lazarillo resulta ingenuo al lado de estos) para no perder los veinte euros de la fianza, reservan viajes a tontas y a locas sin realizar ninguno. A lo mejor va a ser verdad que la corrupción es un mal nacional y que caer o no en la tentación solo depende de lo que tengas disponible para robar. O no, yo no quisiera creerlo, pero la realidad golpea, y a veces duele. Y claro que Extremadura es un territorio al que volver, pero también un lugar del que no debería irse quien no quisiera hacerlo. Si viajar hasta aquí o desde aquí es una hazaña, muy fácil no se lo ponen a los viajeros. Y así llevamos ni se sabe cuántos años. Cada vez más conocidos y con más turistas, pero atrapados en el tiempo, en un día de la marmota de retrasos, incidencias, malas conexiones y transporte de otro siglo, una pesadilla de la que ni siquiera el empresario de los colchones y almohadas, el rey de los sueños, paradoja de las paradojas, nos puede despertar. 

* Escritora

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