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Alberto Hernández Lopo

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Alberto Hernández Lopo

¿Qué ocurre con la banca europea?

Pocos dudan ya de que estamos ante una ralentización de la economía

Banco Central Europeo. El Periódico

Pocos dudan ya de que estamos frente una ralentización económica, con la apariencia de un «frenazo» severo. Quizá sólo queda un gobierno empeñado en negar la evidencia y en asegurar crecimiento para el país durante el próximo año. Algo desmentido incluso por un Banco de España que pronostica un bajo ritmo decrecimiento, 1,3% sobre PIB para 2023. 

No, ciertamente hay escaso margen para la vacilación: afrontamos una tormenta financiera. Nos queda conocer cuando entraremos técnicamente en recesión (límite marcado por dos trimestres consecutivos de caída de actividad, en su definición «canónica»). Pero no está más allá de la vuelta de la esquina.

Este tipo de escenarios, por supuesto, multiplica la aparición de agoreros. El «negocio del apocalipsis», como me gusta llamarlo, vende mucho. Algún autor se pasó la gran crisis financiera hablando de un crash casi anual, valiéndose de no mayor argumento que algunos indicios que, teóricamente, eran garantía de un naufragio económico. Otros, del abuso de la autoprofecías. Lo cierto es que hay quien busca desempeñar el papel de los pocos visionarios que miraron el sistema en 2005 o 2006 y encontraron lo que nadie más veía: fallas sistémicas. Pero los Burry o Roubini no abundan.

Toda su atención de esta semana se ha posado en la banca europea. La aproximación lógica hubiera sido analizar la capacidad de resistencia de los bancos frente al probable horizonte de recesión. Pero la preocupación en los mercados por la salud financiera de dos entidades relevantes, Credit Suisse y Deutsche Bank, ha ocupado toda la atención. ¿Son el «canario en la mina» de un nuevo shock económico, un Lehman Brothers revivido?, ¿Podría ser Credit Suisse el detonante de un colapso en la economía europea?

La pronunciada bajada en la cotización de ambas entidades ha sido significativa durante la semana, y demuestra la desconfianza de los inversores en la solvencia de las entidades. Suficiente para que se expanda el pánico. El foco está puesto en uno de los instrumentos más usuales en el sector financiero: los CDS (Credit Default Swaps, en sus siglas en inglés). Los CDS son complejos y se escapan a una explicación sencilla de su funcionamiento. Podíamos asimilarlos a unos «seguros frente a impagos» para los inversores. Sirven para cubrirse de determinadas eventualidades al adquirir una posición, como puede ser una quiebra. Por tanto, cuanto mayor sea el riesgo o haya más probabilidades de que suceda, más cara costará la cobertura. El precio de los CDS sube, y eso es justo lo que está pasando con las coberturas frente a Credit Suisse (y en menor medida, Deustche Bank). Tal y como pasó con Lehman.

¿Significa esto que estos bancos están cercanos a su quiebra? No. Lo que dice es que los aseguradores se fían menos y por eso piden un precio mayor para responder. Los CDS, además de su componente de cobertura, son una herramienta especulativa en los mercados.

La salud financiera de dos entidades relevantes, Credit Suisse y Deutsche Bank, ha ocupado toda la atención

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Desde luego, no es una muestra de fortaleza, pero tampoco implica que la sospecha pueda extenderse a la banca europea por completo. Ambas entidades ya habían visto declinar su valoración desde principios de año. Un declive derivado de los litigios millonarios que las dos instituciones han afrontado en los últimos tiempos y la incertidumbre del impacto de los costes legales de los procesos en sus resultados (por distintas causas: el banco suizo por los escándalos del fondo Archegos, donde se dinamitaron los estándares internos de control, o la acusación del primer ministro de Georgia por prácticas deshonestas. Los alemanes, con una larga tradición de terremotos reputacionales, se encuentran en medio de una investigación por blanqueo de capitales). 

El ruido crece, pero no debería alterar una realidad: la banca europea está mucho más fortalecida que en 2008. La vigilancia continuada y los crecientes requisitos de capital implementados por el BCE (especialmente en la «etapa» Draghi) han dotado a la banca europea de una mayor capacidad de respuesta ante escenarios en los que se produzca repunte de morosidad y crecimiento de créditos tóxicos. Incluso, no deberíamos estar frente a un escenario de contracción de la oferta de crédito (de la demanda, seguro).

No, de momento no estamos ante una crisis. Ni de liquidez. Al menos, hasta que aumenten los costes de los bonos soberanos. O lo que es igual: la sostenibilidad financiera de los países europeos. Eso sí es un punto a vigilar.

*Abogado, experto en finanzas

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