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Saturnino Acosta

Encerado y clarión

Saturnino Acosta

25N, la celebración que nunca debió de existir

Y la única celebración que puede erradicarla. Mañana es el día mundial de la eliminación de la violencia contra la mujer, y no hay nada que celebrar, más por el contrario condenar, y lo único digno de celebrarse será el día que no fuera necesario hacer mención a ello. También mañana, en Extremadura y otras comunidades, celebramos el Día del Docente, que se fijó en esta época en honor al sacerdote, San José de Calasanz, que propició la primera escuela de carácter público y gratuito.

Ambas tienen algo en común y no sólo es el día, es que sólo la una puede acabar con la otra. Sólo celebrando el día del docente y la docencia, como protagonistas y piedra angular de nuestro actual sistema educativo y de la Educación con mayúscula, podremos acabar con esta lacra desde la base. Pero para eso los docentes necesitamos herramientas, inversión y apoyo, por supuesto, del resto de la comunidad educativa, de todas las instituciones, asociaciones y administraciones, pero principalmente herramientas, horarios, formación, inversión o apoyo, y no exigiendo burocracias justificativas más políticas que efectivas.

Ni voy ni quiero entrar en polémicas principalmente políticas, absurdas algunas, controvertidas otras, enfrentadas con visceralidad, discutibles o discutidas, u observadas con distintos prismas, ni siquiera en leyes o interpretaciones, exabruptos o insultos cruzados, la nefasta realidad y la necesidad de invertir en educación para erradicar esta pandemia, es más importante que los intereses de partido, sean los que fueren y del lado que vinieran o viniesen, que por cierto, con este enfrentamiento y polaridades en nada benefician a la solución del problema.

Pero más allá de lo que podemos hacer aquí, en nuestras aulas y con la realidad de nuestra sociedad actual, lo avanzado y lo que nos queda por avanzar, las muertes y violencias que podamos erradicar, lo cierto y triste, es que mientras algunos discuten el sexo de los ángeles, nunca mejor dicho, hay otra realidad, mujeres y niñas que siguen muriendo por el simple hecho de ser mujer, bien por desangrarse mientras sufren la ablación del clítoris, bien porque su vida depende exclusivamente del que las cree en su posesión, que no tienen derecho a la educación o trabajar, que no es que no puedan andar no ya ni solas ni borrachas, es que no pueden salir de sus casas sin su marido o familiar masculino de éste, tapadas hasta los ojos con cuarenta y cinco grados a la sombra, o casadas a la fuerza a los siete años con un septuagenario tribal, mujeres y niñas que están muriendo cada once minutos en todo el mundo, incluidas las que sufren la violencia doméstica allí o aquí.

Mañana celebraremos el Día del Docente para que con inversión, formación, horarios y apoyos, podamos explicar, ya que nadie lo hace, a nuestro alumnado, por ejemplo, por qué ayer celebramos ganar a Costa Rica en un estadio lleno de hombres.

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