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José Luis Bermejo

Un centro todavía más peatonal

Este viernes ha salido a licitación una de las obras que más transformará el centro en esta legislatura: la plataforma única de Parras y San Antón

Peatones cruzan la calle Parras este sábado. LORENZO CORDERO

No es una obra de gran coste, el precio base de licitación no llega a los 200.000 euros y probablemente se acabará adjudicando por unos 150.000. Pero es la inversión que más transformará el centro en este mandato que empezó en junio de 2019 y que acabará el mismo mes de 2023. Se trata de la semipeatonalización de las calles San Antón y Parras. No se puede hablar de peatonalización porque, pese a que la calzada y la acera quedarán en una única plataforma, no se limitará el tráfico solo a los residentes, dado que este vial de unos 400 metros de longitud que suman las dos calles es un acceso obligado al párking de obispo Galarza, único de gran tamaño en el casco viejo.

La obra salió a licitación el pasado viernes. Pero no es algo nuevo. Hace casi una década que esta semipeatonalización aparece en el plan de movilidad urbana. Y hace más de dos años el gobierno local, coincidiendo con las medidas de control por el covid, anunció que llevaría a cabo la semipeatonalización de ambas calles y también de la calle Clavellinas, otra de las propuestas del plan de movilidad. 

Las ofertas para acometer esta obra se pueden presentar hasta el 12 de diciembre y el plazo de ejecución es de tres meses. La transformación de estas dos calles en una plataforma única se va a acometer coincidiendo con una etapa electoral y colocará la peatonalización en el centro de la misma. Se ha tardado en sacarla a licitación (iba primero entre las inversiones de 2021 y después se ha incluido en los planes de financiación con los fondos europeos de recuperación). Y si se reanudan las protestas que hubo hace dos años, cuando solo se expresó la intención de hacerla, la obra se ejecutará en el momento menos oportuno para el gobierno municipal.

La peatonalización del centro urbano es imparable. Cada vez se darán más pasos para ello. Pero se echan en falta dos cosas. Por un lado un plan de movilidad urbana actualizado, el anterior se elaboró hace una década; y por otro que ya estuviese redactada, incluso con aprobación definitiva para su aplicación, la revisión del plan especial (la norma que regula las actuaciones urbanísticas en el casco viejo). El plan que está en vigor es de 1990. La revisión, de la que solo se ha hecho pública una memoria, es el instrumento para contar con una planificación que haga que la peatonalización sea un atractivo para residir y tener negocios en el centro y en el casco histórico, y que no sea, como en parte se ve ahora, una traba para mantener un negocio o vivir en la zona.

Cada medida que peatonalice un espacio urbano debe acompañarse con una alternativa de aparcamiento y de transporte público. En el pliego técnico para la creación de una plataforma única en las calles Parras y San Antón se precisa que el tráfico y el acceso se restringirá a los residentes, hoteles y párking, no se especifica qué pasará con el autobús urbano, que ahora tiene líneas con parada en Galarza, aunque se entiende que se mantendrá.

Plazas de aparcamiento disuasorio no hay en el casco viejo, más allá del propio párking de Galarza. El plan especial de 1990 fue ambicioso en propuestas, pero ha tenido un resultado poco eficaz en realidades. Solo se ha hecho Galarza y poco más. Peatonalizar es el futuro, pero sus resultados dependen de las otras dos patas: transporte público con un acceso fácil al casco viejo -cuando salga a concurso la nueva concesión del autobús urbano, tocaría en 2024, se va a poder abordar mucho más a fondo- y aparcamiento -con un plan especial revisado, algo que se está demorando en exceso, y sobre todo realista sería mucho más fácil-.

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