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Mercedes Barona

Con permiso de mi padre

Mercedes Barona

Periodista

A la mierda Sabina

Aute, Pablo Milanés y Silvio (así, a secas) ya estaban en aquel campamento de verano cuando yo llegué. Se habían instalado de la mano de los más veteranos, y a los novatos nos parecían un pasaporte hacia la aceptación, y ya saben lo importante que es -más a ciertas edades- sentirse integrados en el grupo.

"Lo siento por quienes han señalado a Sabina como nuevo blanco de sus dardos por esas declaraciones en las que confiesa ya no ser tan de izquierdas

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Por mucho que fuera un campamento franciscano, no todo era naturaleza y maitines: lo mundano formaba parte de la convivencia. Así que en las horas de siesta se escuchaban aquellas letras que aún no tenían todo el sentido que cobraron con los años, pero que fueron generando un hilo musical que sigue acompañándome a lo largo de la vida. Para cuando me enteré de las filias, tendencias políticas y apoyos a determinados dictadores por parte de los autores de las canciones, ya era tarde.

Y con ciertos escritores, lo mismo. Algunos pensarán que separar la obra del autor resulta imposible, pero no lo es. Estoy convencida de que se puede ser a la vez un magnífico escritor de poemas de amor y un mal amante, una magnífica pintora y una madre horrible, o un prodigioso escultor de imaginería religiosa y un impenitente ateo.

Y sigo escuchando con deleite a cantantes cuya ideología no comparto, lo mismo que soy capaz de ver películas cuyos actores en la vida real nunca me caerían bien. Será porque creo que el arte y la vida no se deben analizar con el mismo prisma, porque si aplicas la visión política de manera radical es posible que te pierdas una gran parte de la vida cultural. A ver, no me malinterpreten, no hablo de asesinos o pederastas a los que no cabe dar el mínimo margen, pero el ser simplemente un gilipollas no te hace menos artista.

Así que lo siento por quienes han señalado a Sabina como nuevo blanco de sus dardos por esas declaraciones en las que confiesa ya no ser tan de izquierdas, cosa por otra parte bastante normal, porque la edad suele aportar cierta cordura.

Ahora, según dicen, sus letras son machistas, clasistas y hasta racistas. Las mismas melodías que se han cantado durante décadas con los ojos entrecerrados, resulta que son ahora himnos cuasi fachas, y ponen ‘Besos de Judas’ a la altura del ‘Montañas nevadas’ (’voy por rutas imperiales…’ etc.); pues sinceramente lo siento mucho por ellos, porque renunciar a la banda sonora de una vida debe costar mucho más que «huir al país donde los sabios se retiran del agravio de buscar labios que sacan de quicio».

Ellos se lo pierden. 

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