Celebramos ayer la Constitución que hoy ciertos poderosos quieren enterrar entre pactos ocultos y el empeño de su prensa en crear un clima de debate sobre la necesaria reforma. Una es lega en la materia pero, de modo grosero, ve la necesidad de adecuar la sucesión de la Monarquía a los criterios de igualdad de un estado justo, y no, como apuntan muchos detractores de la ley trans, por el riesgo poquísimo probable de que a la infanta Sofía le dé una mañana por levantarse sintiéndose hombre y organice una crisis de estado con su privilegio sucesorio como varón sino porque semejante antigualla tiene que desaparecer de nuestra ley de leyes. 

Tampoco le gusta nada a esta humilde opinadora la actual desigualdad de unas comunidades respecto a otras, cuyo origen no tiene más remedio que fechar en el Estado de las autonomías, que hubiera estado bien si, desde el principio, todas hubieran sido iguales, cosa que no ocurrió. Hoy ha derivado en la desproporcionada fuerza electoral de ciertos partidos abiertamente inconstitucionales, en privilegios claros de unas regiones respecto a otras y en situaciones esperpénticas como que en el País Vasco, los ricos vayan a librarse del impuesto a los ídem, por su cara bonita y su enorme poder de convicción, que en este caso no tiene la culpa la ley sino la desvergonzada necesidad de votos del presidente.

Como me estoy metiendo en un berenjenal del que no sé cómo salir, acudo a los clásicos, concretamente a Gracián que murió un 6 de diciembre. Su rigor y exigencia intelectual permanece incluso en las difíciles situaciones de aprendizaje que nos ofrece el momento actual. Así, al pueblo español en su totalidad le viene muy bien el aforismo sobre la prudencia en que aconseja «saber sufrir necios, pues a veces sufrimos más de quien más dependemos». A muchos diputados de los que omito el nombre, el de «señorío en el decir y en el hacer» y a ministros y ministras, polémicos o no, el de «cultura y aliño». Porque según el insigne escritor, «nace bárbaro el hombre- y la mujer, añado yo- y redímese de bestia, cultivándose». 

*Profesora