Opinión | la curiosa impertinente

Ministros y ministras

Nuestro gobierno es copioso aunque el aumento de carteras haya servido, sobre todo, para engordar las de sus componentes a costa del erario público. Nada en contra de que los servidores del pueblo perciban su salario justo ni nada en contra tampoco de que alcancen tal responsabilidad quienes por formación, espíritu de trabajo, sentido del deber, sentido de estado y lealtad institucional lo merezcan. Si en el desempeño de su cargo prueban su ineficacia, capacidad para generar enfrentamiento, incapacidad para solucionar problemas, ardor por inventárselos, sectarismo, imprudencia y, sobre todo, desprecioprecisamente por la lealtad institucional, como demuestra el nulo respeto manifestado en repetidas ocasiones hacia su socio de coalición, deberían ser retirados del mismo con la máxima urgencia.

Si están a grito limpio, ¿cómo van a solucionar los problemas del país? Ni siquiera en combatir a Putin se ponen de acuerdo

Nos hemos acostumbrado a que ministras como Belarra o Montero que no sabemos qué dirán en las reuniones semanales del Consejo donde se supone que pueden a placer explayarse en sus posturas pero conservando la dignidad propia y respetando la de sus colegas, se lancen a largar en público del PSOE, una con el rictus fruncido y la otra con una larga sarta de menosprecios. Son las cosas de Podemos, parece que piensa el presidente, como si no percibiera el daño que hacen a la imagen del gobierno y por tanto a la de España. Todo ello ante el pasmo del contribuyente, que tiene el derecho a exigir de sus gobernantes, al menos, coordinación. Si están a grito limpio, ¿cómo van a solucionar los problemas del país? Ni siquiera en combatir a Putin se ponen de acuerdo.

Y no solo se columpian las mentadas, que día a día demuestran su deslealtad y su afición al insulto, sino también Calviño, considerada la lista, cuando suelta la memez de que en su cesta de la compra ya se nota la bajada del precio de los alimentos, o Planas, en teoría uno de los más preparados, cuando agrede la inteligencia de todos nosotros y nos falta al respeto, aconsejándonos que, si no nos molaun supermercado, nos vayamos al de enfrente. Mucho mejor calladitos. Y calladitas. 

* La autora es profesora

Suscríbete para seguir leyendo