Opinión | Jueves sociales

Amores ciegos para ojos abiertos

Mucha inteligencia artificial, mucho metaverso y mucho Tinder, pero seguimos enamorándonos igual, rebosantes de expectativas, cada vez menos preparados para el fracaso, no solo el amoroso, sino en todos los aspectos de la vida. La diferencia entre lo que soñamos y lo que conseguimos nos parece abismal, por eso el sufrimiento siempre añadido al amor, la herida que ya cantaban los romanos, se convierte en marca de la casa. 

"El amor también es trabajo, una tarea, un esfuerzo colosal que puede o no tener su recompensa

No solo es que no nos vengan a buscar como en Prettywoman, ese cuento de Cenicienta que convierte en puro glamour la prostitución, sino que las fotos de las redes sociales nunca hacen justicia al objeto de deseo. 

Nos enamoramos como antes, sí, de puras entelequias, de retratos pintados que ocultan cualquier defecto, como se enamoraban los príncipes en los cuentos, de rumores y apariencias, de algoritmos que nos emparejan como hacían las antiguas agencias matrimoniales con sus ficheros y sus tarjetitas. 

Y no estamos preparados para la frustración, para darnos cuenta de que la pasión no puede ser inagotable ni la sorpresa, un continuo modo de vida. 

Nos bombardean con que hay que experimentar y convertir cada día en una montaña rusa, sin enseñarnos que lo cotidiano se trabaja de otra forma, que los lunes hay que hacer la compra, los martes, pagar la hipoteca, y aun así, quererse, a pesar de la rutina o quizá ayudados por ella.

El amor también es un trabajo, una tarea, un esfuerzo colosal que puede o no tener su recompensa. Pero no lo sabemos de antemano. Lo pienso no solo cada catorce de febrero sino cada día. Miro a mis alumnos, observo su entusiasmo y su dolor, ese agujero negro en que uno cae cuando no es amado.

Me llegan los mismos mensajes publicitarios que les llegan a ellos: la pareja perfecta, diez consejos para encontrar a tu chico o chica, diez consejos para conservarlo. Adelgaza, no seas tú, vigila su Instagram, dale tus contraseñas. Y me doy cuenta de cuánto sufrimiento nos ahorraríamos si asumiéramos que el amor es ciego, pero nosotros debemos mantener los ojos abiertos. 

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