Opinión | contrapunto

Visitas con alfombra roja

Una carretera que se ha convertido en un símbolo de la desidia del Gobierno con nuestra región

Sánchez viene otra vez de visita a Extremadura. Recordarán ustedes la última vez que vino, cuando aquella vergonzosa inauguración del falso AVE que nos vendió Vara y que resultó ser un tren de desecho de Galicia que había pasado por un repaso de «chapa y pintura»; un tren de gasoil que, día sí y día también, sufre retrasos, averías, problemas de coordinación y demás incidencias. Esas incidencias a las que se refiere la ministra de Transporte como aisladas, pero ya sabemos en Extremadura -y en toda España-, que son tan habituales que se han convertido en la normalidad.

A pesar de la indignante situación, seguimos sin soluciones y no ha dimitido la ministra ni ningún alto cargo. Se cesaron a dos responsables de la línea Madrid-Extremadura después de que, en el pasado puente de Todos los Santos, el maquinista no se presentara y no hubiera ningún otro con la formación suficiente para sustituirle; pero no ha habido ninguna responsabilidad política a pesar de los años de chapuzas que venimos sufriendo en nuestra región.

Ahora bien, en cuanto una de esas chapuzas ha ocurrido en otra comunidad autónoma, como ha sido el caso de los trenes que no caben en los túneles de Asturias y Cantabria, dimiten la secretaria de Estado y el presidente de RENFE; ese mismo que nos tomó por tontos cuando dijo que para solucionar los retrasos del ALVIA extremeño, se ajustarían los tiempos de viaje para que «la gente no tenga la sensación de que el tren llega tarde».

Al contrario que Vara, los presidentes de ambas comunidades han puesto el grito en el cielo. El socialista Barbón, presidente de Asturias y el cuasi socialista Revilla, su homólogo de Cantabria, han pedido ceses y los han tenido. No han justificado, ni tapado, ni aguantado con la chapuza del Gobierno como hace el presidente extremeño. No ponen la alfombra roja a la ministra, como se hace en Extremadura, sino que exigen soluciones y responsabilidades. Así se explica que el Gobierno nos siga tratando a los extremeños como españoles de segunda, porque es el lugar donde nos pone la obediencia de Vara a Moncloa. 

El pasado verano, cuando Sánchez vino a Extremadura lo hizo en un helicóptero Súper Puma, y volvió a Moncloa en el Falcon. Esta vez podría aprovechar para hacerlo en tren, para que compruebe por sí mismo el tiempo que tarda desde Madrid lo que ellos llaman alta velocidad. Podría también, ya que está aquí, darse una vuelta por el socavón de la carretera de Cáceres a Badajoz, que sigue sin arreglar dos meses después de que se originara por la borrasca Efraín. Una carretera que se ha convertido en un símbolo de la desidia del Gobierno con nuestra región, porque ni se ha transformado aún en autovía, ni se arregla cuando es intransitable. Pero descuiden, Sánchez no se acercará, ni Vara protestará; se limitará a ponerle la alfombra roja.

* Ingeniera técnico agrícola y diputada regional del PP 

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