Opinión | Es decir

¿Quién teme a Ramón Tamames?

Tras el fracaso de la moción, en el partido de Abascal seguirán los reproches, las envidias, los recelos mutuos mientras Ramón Tamames vuelve a su vejez y sus erudiciones

Ni la edad ni el comunismo son motivos para desdeñar o tratar frívolamente la moción de censura que presenta Ramón Tamames, quien, como se sabe, tiene 89 años y fuedirigente del Partido Comunista. El desdén y la frivolidad, para Vox.

Tamames es, para el caso, es decir, al margen de su singularidadintelectual y política, únicamente un señor que ha cedido a los halagos de Santiago Abascal (Sánchez Dragó mediante, ojo) para que repruebeel gobierno de Pedro Sánchez, toda vez que los halagos no sirvieron con Felipe González y Alfonso Guerra, según ha reconocido el propio Tamames. (Obviamente, el señor Tamames no ha reconocido halago alguno, ni a él ni a nadie, solo faltaría: lo único que ha reconocido es que Abascal pensó primero en González y en Guerra, sin éxito, y sin que eso, y esto ya no lo dice el señor Tamames ,le hiciera sospechar, desconfiar, escamarse). Más allá de la emoción de que pensaran en él, también en él, satisfecho de que le escuchen y busquen su consejo, está la convicción del señor Tamames de que la conciencia obliga: “Si no lidero la moción de Vox, puedo arrepentirme toda la vida”. Y cuando la conciencia obliga, poca importancia tiene el trato condescendiente,obscenamentecondescendiente, del portavozIván Espinosa de los Monteros: “Hay que escuchar a nuestros mayores: nunca lo hacemos”. O sea que parece que no precisara de mucho Abascal (Dragó mediante, ojo) para que el señor Tamames haya aceptado presentar la moción de censura: bastaba con mencionarle la Constitución, en cuya elaboración intervino. Los daños que se le infligen, se entiende.

Por lo demás, aunque Ramón Tamames tiene autoridad política, intelectual y moral para censurar al Gobierno, no lo va a hacer. Primero, porque no es candidato de nada, sino un conferenciante opinando sobre economía y relaciones internacionales, su especialidad. Y, segundo, porque no tiene un programa político, sino reflexiones académicas que solo entenderían en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, y no todos. De modo que el objetivo de la moción de censura, a saber, que el Congreso retire la confianza al Gobierno, parece difícil. Peor: inútil. Peor: ridículo. Porque así, sin programa, sin ser candidato y sin ningún apoyo parlamentario, ¿quién teme a Ramón Tamames? Todo lo contrario. Al presidente del Gobiernole devolverá la emoción de ver recompuesta su mayoría parlamentaria y, salvo ce(n)sura grave de último momento, restañados e incluso cauterizados los tajos que se propina a sí misma la coalición. Y al presidente del Partido Popularle dará la oportunidad deser y no ser como su antecesor, porque, por un lado, mantendrá el rechazo a Vox emprendido por Pablo Casado, pero, por otro, hará que el partido solamente se abstenga, frente a noordenado por Casado en las mismas circunstancias: la primera moción de censura registrada por Vox.

Tras el fracaso de la moción de censura, en el partido de Abascal seguirán los reproches, las envidias, los recelos mutuos, mientras Ramón Tamames vuelve a su vejez y sus erudiciones. 

* Funcionario

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