Opinión | Justicia

Trump imputado

Es el primer presidente en la historia de Estados Unidos en ser imputado por un delito

No es que yo piense que no se lo merece porque creo que se lo merece, pero no deja de ser irónico que con la miríada de casos que tiene abiertos en los juzgados, al final se le impute un delito menor: haber pagado lo que allí se llama hush money, o sea, una cantidad de dinero a una actriz porno repleta de silicona con objeto de evitar un escándalo, otro más, que hubiera podido perjudicar su elección presidencial en 2016. El problema no es la actriz sino la financiación ilegal, aunque aquí con la reforma de la prevaricación no hubiera pasado nada. 

Trump puede acabar como a Al Capone, que después de una vida matando le acabaron enchironando por una cuestión menor de impuestos. En todo caso Bragg, el fiscal neoyorquino que se ha atrevido a imputarle, se ha arropado tras la decisión de un Gran Jurado de 23 personas independientes para que no digan, cómo algunos ya dicen, que esto es una persecución política. La fecha fijada para su detención es el próximo martes y si no se le prepara un recibimiento distinto, Donald Trump recibirá el tratamiento habitual de ser detenido, escuchar la lectura de sus derechos, aguantar el ritual de las fotos de frente y de perfil y la toma de huellas dactilares. Me parece demasiada humillación para quien en definitiva ha sido presidente y comandante en jefe de las Fuerzas Armadas del país más poderoso del mundo, que con esta decisión muestra que nadie está por encima de la ley (aquí algunos independentistas catalanes parecen estarlo) y que todos son (casi) iguales ante ella... Es el primer presidente en la historia de los Estados Unidos en ser imputado por un delito y esto marca un antes y un después justo en la misma semana en que Joe Biden ha convocado la segunda Cumbre de las Democracias en medio de interminables debates por invitar a líderes en plena deriva autoritaria como los de Polonia, India o Israel y dejar fuera a otros como Orbán (Hungría) y Erdogan (Turquía) que se lo han ganado a pulso. Naturalmente tampoco han sido invitados Xi (China) y Putin (Rusia) que se han burlado de los escasos resultados de los intentos americanos por exportar la democracia a lugares tan refractarios a sus principios como Irak o Afganistán. En este contexto, el mensaje de que por poderoso que sea nadie está por encima de la ley es muy fuerte y puede contribuir a mejorar la maltrecha imagen de la propia democracia norteamericana, muy dañada por episodios como el de la toma del Capitolio por masas violentas y manipuladas que creían -en el mejor de los casos- obrar en nombre de la propia democracia secuestrada por políticos corruptos. 

El mundo del revés en un giro copernicano del que mucha culpa tiene el propio Donald Trump, que aún hoy sigue diciendo que le robaron la elección y que quiere volver para «hacer América grande» otra vez. Como si fuera pequeña. Lo cierto es que tras ese asalto, la fuerte polarización política que vive el país, las frecuentes masacres por la cantidad de armas de fuego en circulación, o los recurrentes disturbios raciales, la imagen que proyecta la democracia norteamericana no pasa por su mejor momento, ya no se envidia el American way of life y desde luego EEUU ya no son esa «luz encima de la colina» que ilumina el mundo, como les gusta repetir, porque hoy la democracia está en declive y el 73% de la población mundial vive en regímenes autoritarios que ganan terreno con cada año que pasa. 

Resta por ver el efecto que la decisión de imputar a Trump puede tener sobre las elecciones presidenciales de 2024, que puede ser importante. O no. Algunos creen que puede hundirle y otros que contribuirá a galvanizar su respaldo entre las bases del partido Republicano. No faltan incluso quienes entienden que la imputación es otra jugada de Trump para exagerar su papel preferido de víctima del sistema. Lo que ya está claro es que la imputación no le impide ser candidato en 2024 como pretende.  

*Diplomático