Opinión | Es decir

Humillación

Lo del jueves en el Congreso no hacía falta para anunciar que Podemos está amortizado

Lo del jueves en el Congreso no hacía falta. Para anunciar que Podemos está amortizado, si tal era el mensaje del presidente Sánchez y sus ministros al ausentarse de la aprobación de la reforma de la ley del solo sí es sí, no hacía falta humillar, aun tratándose de la ministra Irene Montero. O tal vez sí, dada la actitud de la ministra, que aprovechó su comparecencia para decir, en nombre del feminismo, que era un día triste para las mujeres y, en nombre de la izquierda, que la aprobación de la reforma no debería haberse hecho con el Partido Popular, cuando lo que se esperaba de ella, precisamente en reconocimiento al fracaso de la ley, es que pidiera perdón a las víctimas, se disculpara ante sus feministas y anunciara su dimisión, por ese orden. Y tan dignamente.

Por supuesto, la ausencia del presidente y los ministros socialistas (con la excepción de Pilar Llop, ministra de Justicia, y María Jesús Montero, que es también portavoz del Gobierno) puede interpretarse en clave vergonzante, en el sentido de que no había necesidad de sostener la mirada de Ione Belarra o de soportar la lágrima a punto de Irene Montero. También, desde luego, como una humillación ante el Partido Popular, al que el Gobierno habría tenido que recurrir por no encontrar izquierdas a su izquierda dispuestas a apoyar la reforma… si la reforma no se hacía según Podemos. 

Pero se trata de posibilidades tan verosímiles (sí: verosímiles) que hay que descartarlas. De hecho, la contribución del Partido Popular a la reforma ha sido meramente técnica, “una especie de fe de erratas”, según Patxi López. ¿Tan técnica como suprimirsolo el adverbio solo, pasando así de “ley del solo sí es sí” a “ley del sí es sí”, por ejemplo?

Al tiempo que se aprobaba la reforma de la ley, el CIS publicaba su barómetro mensual, donde lo más destacado ha sido la irrupción de Sumar, lo cual sorprende no tanto porque supere a Podemos (10,6% Sumar, 6,7% Podemos) como por coincidir con los planes del “partido de Pedro Sánchez”, como lo llama el propio José Félix Tezanos, “el partido de Sánchez”, no el PSOE. Es decir: el Gobierno, o “el partido de Sánchez”, al anunciar con su ausencia el jueves en el Congreso que Podemos estaría amortizado, estaría anunciando también que Sumar ocupa ya su lugar como posible socio de gobierno, una elección cuyo acierto avalarían los datos del CIS. Claro que siempre se podrá pensar mal y decir que el CIS no valora mal a Podemos porque Sánchez lo dé por amortizado, sino que Sánchez lo da por amortizado porque el CIS lo valora mal. 

Sea como fuere, si prescindir de Podemos para reformar la ley más importante de Podemos ha sido ofensivo, ausentarse el día de la aprobación de la reforma ha sido aún peor, aunque fuera la ocasión para que los votantes del socialismo de Sánchez comprendieran que seguirán asociados a Podemos únicamente hasta diciembre, o sea, para poder agotar la legislatura. Así que a la pregunta de por qué no aplaudieron los diputados del Partido Socialista la aprobación de la reforma, si así se corregían sus defectos, la respuesta sería: por la humillación. Y a la pregunta de por qué la aplaudieron los diputados del Partido Popular: la respuesta sería la misma: por la humillación.

*Funcionario

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