Opinión | Es decir

Para no llegar solo a julio

No serán pactos difíciles porque negociar con Vox parece ya casi una práctica habitual del PP

Lo peor que podría hacer el Partido Popular es creer que ha «derogado el sanchismo», por decirlo con la consigna electoral de Alberto Núñez Feijóo. Y, peor aún, que fundamentara esa derogación en los resultados del domingo y extrajera del anuncio del presidente del Gobierno de adelantar las generales al 23 de julio la prueba de que así ha sido. Porque de serlo, es decir, si el Partido Popular hubiera derogado el sanchismo (creer que lo ha derogado, por supuesto que lo cree), el mérito no habría sido solo suyo, sino de la posibilidad de pactar con Vox, como pudo verse ya la misma noche electoral, cuando los medios de comunicación afines al Partido Socialista -al Gobierno- mostraban su preocupación por el aumento de Vox y los medios afines al Partido Popular mostraban su alegría por lo mismo, o sea, el aumento de Vox. Dicho de otro modo: si la derrota del Partido Socialista se corresponde con el triunfo del Partido Popular, el triunfo del Partido Popular se corresponde con el éxito de Vox. 

Así que déjese la derogación del sanchismo para el propio Sánchez, que ahora se verá, y vaya el Partido Popular adoptando las ideas, el vocabulario y las doctrinas de Vox. No serán pactos difíciles, desde luego, porque negociar con Vox parece ya casi una práctica habitual del Partido Popular (aunque hasta el momento solo lo haya negociado para gobernar Castilla y León), como si no imaginara la política sin él. 

Para no llegar solo a diciembre (así se tituló aquí el artículo del 18 de abril, por cierto), el presidente Sánchez se circundó de las izquierdas que, según el ministro Félix Bolaños, crecían a la izquierda de la izquierda del Partido Socialista -del Gobierno, ea-, de Bildu a ERC, de Podemos a Sumar, incluso de Más Madrid a Compromís, con el fin de asegurar una legislatura más y, seguramente lo más importante, ser presidente por decisión de los ciudadanos y no por una moción de censura. Para ello, consintió con Bildu y ERC, primó a Yolanda Díaz sobre Podemos y, duele decirlo, desatendió a su propio partido al ignorar los reparos, afeamientos y recriminaciones de altos cargos y presidentes autonómicos socialistas (entre ellos, justo es reconocerlo, no ha estado Fernández Vara, que simplemente se ha plegado al orden del día de Ferraz), en el convencimiento de que con esas izquierdas, como se ha dicho, no llegaría solo a diciembre -léase «hasta diciembre» - sino al menos cuatro años más. 

A cambio, y por citar únicamente los casos más lacerantes, sorteó la ilegalidad legalizándola, del delito de sedición al de malversación, y justificó la indecencia con la legalidad, tal que las listas electorales de Bildu: «Hay cosas que son legales pero no son decentes». Y llegó el domingo, domingo negro para el Partido Socialista y para las izquierdas que habían ido creciendo por la izquierda (poéticamente, discúlpese), confirmando así que sí llegaría solo a diciembre, y solo. 

Hoy publica el Boletín Oficial del Estado la disolución de las Cortes y la convocatoria de elecciones generales. Mientras Núñez Feijóo sigue proclamando que «el sanchismo no ha sido derogado todavía», el presidente del Gobierno ha tomado una decisión radical para no llegar solo a de julio, día 23.

*Funcionario

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