Tribuna

Medio siglo de la Universidad de Extremadura

José Antonio Vega Vega

José Antonio Vega Vega

Cuando una institución cumple cincuenta años de vida es oportuno hacer un alto, mirar atrás y reflexionar sobre los logros y los posibles fracasospara sentar las bases del futuro. Siempre es conveniente saber de dónde venimos y hacia dónde vamos. Ello nos permitirá proseguir el camino más sabiamente.

En 1973, año en que se pone en marcha el cronómetro de nuestra universidad, el mundo era muy diferente al actual. En el ámbito internacional fue el año en que se firmaron los acuerdos de París, que ponían fin a la guerra de Vietnam. La crisis del petróleo nos dejaba una grave depresión económica. Se inventaba la telefonía móvil. Nacía la Europa de los nueve con la integración de Reino Unido, Irlanda y Dinamarca. En el mes de septiembre Chile sufría el golpe de Pinochet. Mientras, en España, continuábamos bajo la dictadura del general Franco, pero ya comenzaba unaetapa de tenue apertura económica con la incorporación de ministros tecnócratas al Gobierno. ETA asesinaba a Carrero Blanco. Se empezaba a hablarde asociaciones políticas y vivíamos el comienzo del gran boom del turismo.Extremadura continuaba desangrándose con la emigración. La agricultura perdía mano de obra. Para industrializar el país se creaban grandes polos de desarrollo en Vigo, Valladolid o Zaragoza. A Extremadura se la margina del desarrollo industrial y se pretende potenciarsu agricultura con los planes de regadío de Badajoz y del Zújar. Perdimos el tren de la industrialización. Nuestras provincias pertenecían a distritos universitarios diferentes: Sevilla y Salamanca.

Desde entonces, ¡cuánto hemos cambiado! Movimientos sociales y científicos en Extremadura propiciaron la creación de una universidad. Se ha insistido en el pecado original de la Universidad de Extremadura de nacer dividida. La originaria división no puede calificarse de pecado, sino de necesidad histórica. Tampoco cabe tildar de singularidad o de rémora la existencia hoy de cuatro campus. Ni que el papel que ha desempeñado y que debe continuar desempeñando la UEx signifique que la institución no sea mejorable. Debemos ser conscientes de que es necesario emprender renovadas sinergias para hacerla más competitiva y eficiente.

La universidad es una institución de amplio espectro que ha de representar en cada momentoel punto en el que confluyan opiniones y críticas. Todo ello sin olvidar que las funciones docentes e investigadoras deben tener una proyección social y que la universidad debe asentarse sobre un compromiso ético. En España existe un desajuste entre universidad y empresa. La universidad debería estar más implicada en el mundo empresarial. El mundo de la empresa y el de la universidad se delimitan –y hasta se excluyen- con soluciones a veces diferentes para los mismos problemas, de ahí las frustraciones de los nuevos profesionales. Por eso se impone que la universidad esté en continua evolución, adaptándose a las variables sociales y tecnológicas.

El universitario sabe que no hay que temer ni ahogar la crítica, sino que hay que ponerla al servicio del progreso científico y técnico y, por ende, del progreso humano. En unos tiempos difíciles, en los que se constata una sociedad en crisis -no solo económica, sino de ideas-, con una juventud a veces desorientada y desesperanzada, la universidad debe ser un centro de renovación de valores. Debe erigirse en el punto en que confluyan las opiniones y las críticas para preparar plenamente al individuo, con un saber dinámico, que pueda proyectar hacia el futuro ilusión y esperanza.

La universidad, como idea dinámica, debe estar en continua evolución; debeser un universal de superación. Y a tal fin necesita incrementar las relaciones interactivas con los operadores económicos, así como poner todos los recursos –materiales y humanos- al servicio de la comunidad. Ahora bien, si de verdad queremos dotarnos de una universidad de calidad, que sea foco del desarrollo intelectual, científico y económico de la región, es preciso abordar la resolución definitiva de sus graves problemas pendientes, entre ellos, el que pudiéramos calificar de más proteico: la financiación.En extrema síntesis, si a la universidad, dentro de los principios de libertad académica y autonomía institucional, se le exige un cambio en planteamientos y soluciones, no se le puede negaruna autonomía financiera suficiente.

En una región como la nuestra, donde el sector empresarial es débil, es patente que buscar la financiación privada, al modo de la universidad anglosajona, no deja de ser una mera utopía. Nuestra universidad, seamos realistas, va a depender por mucho tiempo de la financiación pública. Ahora bien, el carácter autónomo de la institución no casa bien con un estado permanente de mendicidad de sus órganos rectores. Ni su financiación debe dejarse al arbitrio del poder político de cada momento. La institución universitaria necesita planificar sus enseñanzas, prever su desarrollo, conocer de antemano sus objetivos, y para eso se requiere una estabilidad presupuestaria. De ahí la exigencia de una financiación cumplida que garantice en cada momento sus derechos económicos, que son el basamento de su autonomía y proyección social.

*Catedrático de Derecho Mercantil de la Uex

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