Opinión

Los mayores, víctimas de la exclusión social

Un mayor sentado en  un banco.

Un mayor sentado en un banco.

Viejos, mayores, ancianos, personas pertenecientes a la tercera edad… son todas formas de definir, al colectivo de individuos situados en la etapa final de la vida, cuya concepción social, a lo largo de la historia, ha sufrido un cambio sustancial, pasando de ser venerados, a llegar a representar en no pocas ocasiones una carga, familiar y social. Una mirada a la historia, desde sus inicios, nos permitirá observarles en la cúspide de la misma, reyes, profetas, sabios, referentes de experiencia y sabiduría, costumbres y hábitos, ejemplo de honestidad y cultura, depositario de tradiciones, sumos sacerdotes, patriarcas o reyes, espejo en el que la tendencia exigía que se miraran los jóvenes. Siempre fueron objeto de reverencia, por su visión llena de experiencia y sabiduría del futuro. Eran ejemplo permanente, la reflexión y pureza, el crisol del saber, los depositarios de conocimientos y culturas. Su voz, sus consejos, siempre fueron atendidas, tanto en la familia, como en cualquier foro e incluso en la sociedad en general.

El director de la facultad de medicina de la Universidad de George Washington, ha evidenciado, que el cerebro de una persona mayor, es mucho más plástico de lo que siempre se pensó. Estudios recientes llevados a cabo, han demostrado una gran interacción entre hemisferios, además se observa una enorme fluidez, y la conectividad es mayor

Este papel ha ido desapareciendo, primero manteniendo socialmente la idea, de que merecían un descanso; su dedicación, esfuerzo y trabajo había sido agotador, así como sus casi infinitas responsabilidades, tantas, que se habían ganado un papel presidido por el bienestar, por el descanso… siendo lentamente desposeídos de aquel halo que siempre les definió. Así, fueron expulsados sutilmente de la vida pública, incluso de la influencia social y familiar, pasando a ser, primero, desocupados, y después recluidos, en lugares residenciales, donde son retirados como rémoras. Pasaron a convertirse en un lastre, señalados especialmente por el gasto sanitario que sus limitaciones demandan a la vez de utilizados, por los mismos que les han ido desplazando, a la hora de recoger un voto. Por ello, su irrelevancia es cada día mayor, de tal forma, que la sociedad no puede mirar hacia atrás para proyectarse en el futuro. Como compensación se produce un alargamiento desmesurado y llamativo del periodo de adolescencia. Llegada la hora final, el mayor se siente incompleto, su tarea no ha terminado, se sienten vivos, en plenitud de fuerza física,y con un mayor entendimiento y conocimiento emocional, pero falta el apoyo, y la posibilidad de organizarse, y la fuerza que surge para su traslado a los morideros, con total impunidad, es mayor.

Esta lucha, acaba de encontrar un hilo de esperanza, el director de la facultad de medicina de la Universidad de George Washington, ha evidenciado, que el cerebro de una persona mayor, es mucho más plástico de lo que siempre se pensó. Estudios recientes llevados a cabo, han demostrado una gran interacción entre hemisferios, además se observa una enorme fluidez, y la conectividad es mayor. Muchas empresas incurren en el error al aplicar unas normas hoy cuando menos discutidas, cuando prescinde de trabajadores senior. Las décadas de los setenta y ochenta con salud, son las décadas de la sabiduría, se sabe lo que compensa, se aplica el esfuerzo correcto, se disfruta de lo que se gana, y se sabe aplicar las tareas con una mayor seguridad.

Es verdad que el cerebro no es tan rápido como en el de la persona joven, pero con los años gana en flexibilidad, por lo que es más fácil tomar soluciones correctas. Las neuronas, en contra de lo que se pensaba, no mueren por lo que como consecuencia de la conectividad interhemisférica persiste la creatividad. Los mayores, optan por los caminos neuronales más directos, consumiendo menos energía, y en el mismo tiempo aciertan más. n

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