Opinión | Editorial

El relevo empresarial, básico para asentar el tejido económico extremeño

Si no se actúa a tiempo, el problema de los pueblos y localidades más pequeñas corre el peligro de volverse irreversible 

Un momento del foro que se celebró este viernes en la Cámara de Comercio.

Un momento del foro que se celebró este viernes en la Cámara de Comercio. / EL PERIÓDICO

Para evitar que el discurso de la Extremadura rural acabe dictándose desde las ciudades y los despachos de las Administraciones más lejanas, nada mejor que otorgar el protagonismo al mundo rural en el entorno urbano. Lo demuestran la organización de certámenes como Jato, impulsado desde la Diputación de Cáceres desde 2022 y que, en su tercera edición, ha servido de perfecto escaparate para mostrar las oportunidades que se atesoran en las 24 comarcas cacereñas. Jato va mucho más allá de lo que sería un mero expositor, ilustrado por la riqueza artesana y gastronómica de la provincia extremeña.

El programa incluye encuentros empresariales que resultan absolutamente pioneros y que pueden germinar en decisivos proyectos que traspasan el ámbito exclusivo de la necesaria creación de empleo como factor fijador de población, porque adquieren una dimensión social relevante. 

En Jato se ha hablado de emprendimiento en el medio rural, pero enfocado desde una perspectiva casi inédita: la falta de relevo generacional para negocios en marcha, muchos de ellos casos de éxito gracias al esfuerzo durante décadas de sus creadores y condenados al cierre por falta de reemplazo al frente de los mismos. El abanico es amplio y diverso. Hablamos, por ejemplo, de tiendas de alimentación o panaderías, cuya extinción supone la enésima pérdida de aliento en zonas marcadas por la despoblación. Cuando un horno de tahona se apaga, cuando los habitantes de una localidad se ven obligados a desplazarse para adquirir productos básicos, cae uno de los principales eslabones que prestan fortaleza a la sociedad de las zonas rurales.

Una pérdida de servicios aparentemente trivial, que se irá agrandando y conllevará la pérdida también o el alejamiento de otros esenciales, como el sanitario y el educativo. La temida puerta a la desaparición que el INE abre para el 40% de los municipios extremeños es la única que queda abierta en esas circunstancias. 

La lista de negocios cuya continuidad peligra incluye toda clase de pymes y actividades de autónomos: tiendas de todo tipo, negocios agroganaderos, de hostelería y ocio e incluso de merchandising enfocado al sector del turismo.

Si no se actúa a tiempo, el problema de los pueblos y localidades más pequeñas corre el peligro de volverse irreversible. Porque, entonces, al talento joven que se va con la emigración se le sumará la pérdida de los que, en su día, fueron emprendedores, destruyendo el precario tejido económico. Sin embargo, para convertirse en emprendedor no es necesario idear desde la nada ni enfocarse únicamente a refulgentes startups: el traspaso de un negocio con prestigio y clientela asegurada puede ser una buena alternativa de empleo y un elemento que ayude a frenar la sangría demográfica.

Este viernes, la Cámara de Comercio de Cáceres albergaba, dentro del encuentro Jato, una reunión entre veteranos y emprendedores dispuestos a tomar el relevo para proseguir con actividades aún a pleno rendimiento productivo. Es otra forma de estimular y fomentar el espíritu empresarial que consolida la actividad económica ya existente, al tiempo que abre la posibilidad de innovar y reorientar aquellas empresas que necesiten una puesta al día para garantizar su futuro.

La colaboración entre las distintas administraciones se revela, también en este caso, como imprescindible. Porque existen ayudas a la financiación, funciones de acompañamiento que se ofrecen desde distintos organismos y grupos de Acción Local que facilitan el tránsito por el temido laberinto burocrático para acceder, por ejemplo, al dinero que llega de Europa, especialmente el de los fondos de Resiliencia, puestos en marcha para paliar las consecuencias de la pandemia del COVID.

Extremadura vive un momento extraordinario, y no solo por la inversión que llega a través de nuevos proyectos. Es urgente retener y atraer talento joven, también para asentar el tejido productivo existente, que ayudará a frenar la despoblación y el envejecimiento. Son fórmulas probadas con éxito en otras comunidades autónomas: administración y organismos públicos y privados, convertidos en “celestinas” que facilitan el encuentro de los antiguos emprendedores con los nuevos, aquellos que tienen ganas, ilusión y una formación que los convertirá en parte del engranaje destinado a sacar, entre este caso a Extremadura, de las posiciones de cola en el desarrollo económico. 

Suscríbete para seguir leyendo