Opinión | Espectráculos

Esos patriotas ...

El reconocimiento, este pasado martes, del Estado de Palestina, por España, Irlanda y Noruega, ha servido, como la visita del presidente argentino, para atizar la lucha partidista.

Feijóo acusa al presidente español de haber llevado a cabo ese paso, de gran trascendencia simbólica, y aplaudido en todo el mundo árabe, para desviar el foco de la investigación sobre su mujer que, dicho sea de paso, parece el principal argumento del Partido Popular en estas elecciones europeas: en lugar de exponer su proyecto para Europa, pretenden convertirlo ,¡otra vez!, en un plebiscito contra Sánchez.

Hace unos días recibí los envíos de propaganda electoral del PP y del PSOE. Al mirar el contenido del primero, se me cayó el alma a los pies, por lo escueto y banal de la carta, que a cambio han adornado con las caritas sonrientes de Montserrat, Feijóo y Guardiola. En cuanto a lo escrito, la carta del PSOE tiene más del doble de palabras. Ya puestos, el PP habría podido poner: «Vótanos, somos más guapos y mejores», lo cual resumiría el contenido de sus creencias más profundas y arraigadas.

En cuanto a Palestina, el PP también se siente incómodo. Feijóo lo habría reconocido si lo hicieran antes EEUU o Alemania, poniendo así a España en lo que será siempre con gobiernos del PP: el último lacayo de EEUU. Con Sánchez, en cambio, España refuerza una posición propia como puente entre Europa y lo que ahora se llama «sur global» y enlaza con la idea de Zapatero de la «alianza de civilizaciones», que podrá resultar utópica, pero que algo más de concordia trae que la mentalidad de cruzado de Abascal, que fue a apoyar a Netanyahu. Ya se sabe que esta derecha tan patriota es la primera luego en facilitar las injerencias extranjeras: desde los cien mil hijos de San Luis (o hijos de puta de San Luis, como los llamaba Goytisolo), soldados franceses que restauraron el absolutismo con Fernando VII tras el trienio liberal, a la aviación alemana que bombardeó a civiles españoles, de Almería a Guernica, para apoyar a Franco.

Más allá de esos extremos, lo normal en cualquier país serio es que la oposición, aunque no esté de acuerdo, no desautorice a su gobierno frente a potencias extranjeras. Es como si Zapatero, por estar contra la invasión de Irak, hubiera ido a apoyar a Sadam Hussein. Pero pedir lealtad y verdadero patriotismo a Vox (y a veces al PP) es pedir peras al olmo.

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