Opinión | Macondo en el Retrovisor

Todo cabe

Es fácil abundar en el error de dar por sentados ciertos derechos porque queremos pensar que los usos y las costumbres son los que hacen las leyes y no los hombres

La semana pasada, por si todavía alguien no se ha enterado, la cantante estadounidense Taylor Swift dio dos multitudinarios conciertos en el estadio Santiago Bernabeu, los días 29 y 30 de mayo. La primera jornada coincidió con el único concierto en España de la primera gira europea en ocho años de la mítica banda AC/DC, que se celebró en Sevilla. Dos citas, separadas por los kilómetros, el estilo y la edad de sus protagonistas y de muchos de sus seguidores, que son el claro ejemplo de que vivimos en una sociedad en la que todo cabe.

No hacía falta más que analizar algunas indumentarias de los fans de ambos eventos para darse cuenta de que ese día, por azar, convivían en nuestro país dos extremos bastante opuestos del espectro musical actual, que, además, aglutinan y mueven sectores de población muy diferentes también en otros aspectos mucho más profundos.

Y contemplando el testimonio gráfico de todos ellos en redes sociales era imposible no pensar en cuánto hemos avanzado en convivencia y diversidad. Aunque a algunos les reviente. Porque eso también quedó patente en los comentarios de los de siempre.

Que la misma noche disfrutaran de sus ídolos gente de un perfil tan distinto es la excusa perfecta para analizar el increíble salto que ha experimentado nuestra sociedad. Hasta el punto de que ya existen generaciones de españoles que consideran la libertad y la inclusión como cotidianos. Y muchos ellos, se encontraban entre los 150.000 swifties que disfrutaron en Madrid de The Eras Tour

Tras el brillo y los brazaletes de amistad, que han servido de chascarrillo y de crítica hacia ellos, estos jóvenes, que han crecido con la intérprete y su música, se definen en sus perfiles en redes como «gente con acentuada conciencia política, con especial sensibilidad con temas que tienen que ver con las injusticias sociales y cuestiones relacionadas con el feminismo, el racismo, el capitalismos y el activismo LGTBIQ+».

La filosofía de vida y la estética de muchos de ellos era impensable no hace tanto, y mucho menos, eran tan visibles, tan masivas y tan orgullosas. El pasado miércoles ofrecían un contrapunto significativo al ‘rollo’ de los fieles seguidores de la legendaria banda angloaustraliana y su Power Up Tour, que desafió al calor en el estadio de La Cartuja de la capital hispalense.

Polos opuestos, que como quedó bien claro, no tienen por qué ser excluyentes, pero que nos deberían hacer valorar lo que tenemos. Porque, verán, no todos somos tan jóvenes como algunos de los asistentes a ambos conciertos y recordamos otros tiempos en los que no todo ‘cabía’ ni era ‘políticamente correcto’.

Es fácil abundar en el error de dar por sentados ciertos derechos, dejar de considerarlos privilegios, porque queremos pensar que los usos y las costumbres son los que hacen las leyes y no los hombres. Pero no podemos estar más equivocados.

Vivimos tiempos convulsos en los que es más que evidente que el fascismo y la extrema derecha han despertado de su letargo. Durante décadas, han sobrevivido agazapados, escudados en el disimulo, a la espera de una oportunidad de volver a campar a sus anchas. Es obvio que cada vez sienten más cerca la posibilidad de su regreso y se han quitado el disfraz de los eufemismos y la moderación a las bravas.

De manera que los exabruptos de Trump o de Milei faltándole el respeto a cualquiera que sea o se pueda considerar su ‘opuesto’, pueden parecernos absurdos y patéticos; y también, algo anecdótico y lejano, y sin embargo, ya hay gente que dice, sin ningún tipo de pudor, que «tienen parte de razón y que si les votan, por algo será».

Los cimientos sobre los que se apoyan muchas de todos esos avances sociales que creemos firmes e irreversibles se tambalean cada vez que una de esas personas contempla siquiera la idea de que nuestro mundo sería mejor con semejantes individuos al mando. Y sin embargo, como en el cuento de Pedro y el lobo o el poema de Bertolt Brecht, no nos creemos los avisos, ni que nos puede tocar a nosotros, hasta que ya es demasiado tarde.

Pues bien, en unos días se celebrarán las elecciones europeas y no estaría de más plantearnos el alcance y las consecuencias de nuestras decisiones, porque de tomar el rumbo equivocado, yo no sé si seguirá habiendo cabida para los conciertos de Taylor Swift, pero den por seguro que la identidad y los looks de muchos de sus seguidores tendrían los días contados.

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