Opinión | Jueves sociales

Europa, Europae

Bandera de la Unión Europea

Bandera de la Unión Europea

Europa era un sueño, tan inalcanzable como todos los sueños de entonces. Conocíamos sus países en esas diapositivas amarillentas guardadas en un carro que solía atascarse cada dos por tres. No viajábamos, cómo íbamos a hacerlo si el avión era un lujo tan grande que hasta te daban de comer, podías llevar equipaje y te trataban de usted. Europa era el progreso y el trabajo, un lugar mítico donde no había corrupción y la caspa no cubría los hombros de los políticos. Había que salir, conocer mundo, aprender idiomas. Era la época de la multiculturalidad y se nos llenaba la boca de europeizar España y subirnos al carro de un progreso que se llamaba Mercado Común primero, y zona euro después, y tratado de Maastricht y otros nombres que enseguida olvidamos, y solo recordábamos si tocaba estudiarlo con nuestros hijos.

Las elecciones europeas empezaron a pasar sin pena ni gloria y eso que celebrábamos un Día de Europa y formábamos parte de todas las instituciones que un día fueron nuestro sueño. El desencanto llegó a Bruselas, a París, a Roma, a esos lugares míticos que albergaban tribunales u organismos que velaban por todos nosotros. En realidad, el desencanto se había originado aquí, en nuestras raíces, pero las ramas acabaron infectándose y los frutos nos parecían podridos. Nuestro relevo generacional sí viajaba a Europa, como quien recorre la estación de autobuses de un pueblo cualquiera. Tomaba aviones como quien se sube a la Sepulvedana y pasaba por el Partenón o la Acrópolis sin saber muy bien qué estaba pisando, porque no levantaba la vista de la pantalla del móvil.

Los valores de democracia, igualdad, fraternidad sonaban a rancio, y eran mucho más actuales las frases motivadoras de las tazas o las consignas incendiarias del gurú de turno en las redes. Quizá por eso más de ochocientas mil personas han votado a un hombre cuyo único programa parece ser ir a la contra de todo lo establecido, y volver a unos orígenes creados con noticias falsas

Los valores de democracia, igualdad, fraternidad sonaban a rancio, y eran mucho más actuales las frases motivadoras de las tazas o las consignas incendiarias del gurú de turno en las redes. Quizá por eso más de ochocientas mil personas han votado a un hombre cuyo único programa parece ser ir a la contra de todo lo establecido, y volver a unos orígenes creados con noticias falsas. Más de un ochenta por ciento de sus votantes son jóvenes. Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir, gritaban en la calle los jóvenes de mi época, cuando se prohibió el botellón. Tantos años después, el botellón sigue, ellos sueñan con un mundo irreal que vive en sus pantallas, y nosotros vagamos insomnes sin querer reconocer que nuestra desidia y nuestra falta de compromiso con la sociedad han llenado las urnas de votos no para una fiesta que se acaba, sino para una pesadilla que no ha hecho más que comenzar. n

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