Opinión | Una casa a las afueras

El arte de pensar

El Pensador

El Pensador

Las crisis de lágrimas, las jaquecas…Todo tiene ese aire distraído del verano hospedándose en las casas. Ese soplo que convierte las despensas y los patios en museos provincianos con salpicadura de Matisse, de Vuillard, de Marquet o de Friesz. Ya asoman los muchachos del mediodía por las avenidas y las discotecas, van derrapando imprudentes en el bello oficio de vivir a lo loco; eslabón a eslabón los bachilleres van escapando hacia las niñas maquilladas.

La historia de siempre. El verano se lleva además de las rebequitas, las meditaciones y las observaciones. En todos los Cafés del Comercio se reúnen las pandillas para hablar de los mares que van a explorar como cachorros arrojados de las aulas, nadan entre cervezas frías mientras con hilos y bobinas van tejiendo los meses de la vagancia; se sienten ya tumbados en la arena de Ibiza junto a cien ejércitos de nadadores que buscan la gloria de no pensar. Un trabajo sobrehumano, «Pensar es muy fácil, dijo Goethe, obrar es lo difícil; obrar según el propio pensamiento es lo más difícil que existe en el mundo».

¡Ay, ese arte de pensar! Que no es otra cosa que encontrar nuestro camino en el laberinto de la acción, meditar sobre lo que vamos a hacer: con otras palabras, diremos que el arte de pensar vendría a ser algo así como transformar el pensamiento en instinto

¡Ay, ese arte de pensar! Que no es otra cosa que encontrar nuestro camino en el laberinto de la acción, meditar sobre lo que vamos a hacer: con otras palabras, diremos que el arte de pensar vendría a ser algo así como transformar el pensamiento en instinto. El escritor ante un texto borra una frase, suprime adjetivos, cambia de lugar los verbos porque como dijo otro sabio «lo esencial no es hallar sino adoptar lo que hallamos».

Y esto me lleva directamente a pensar en los grandes hombres de estado que son los que llevan en sí mismos a su país y no los que lo condenan a soportar el caos, la división, la arrogancia e ineptitud. El político corto de luces mirará los periódicos, las estadísticas, los insultos a su persona, pero ignorará siempre que esa información no es la cultura. Ese hombre corto de miras se aferrará a hechos aislados, a los Tezanos y compañía, pero jamás se acercará a los poetas. Allá él. Los estadistas dividen al mundo y lo matan, en cambio, los poetas modelan y embellecen ese mismo mundo para ellos exquisito y delicado. La prueba de que el presidente nos ha dividido es esa, que se abraza a quien no debe retorciendo para ello las reglas morales que nos creíamos sólidas e inamovibles. n

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