Opinión | Desde el umbral

Enajenación

Una parte no desdeñable de la sociedad ha cambiado para peor

Stop agresiones.

Stop agresiones.

No sé si es una percepción personal o algo más generalizado, pero vengo observando que, cada vez, hay más gente deambulando por nuestro pequeño mundo en un estado de enajenación innegable y evidente. No sé dónde se halla el origen de esta alteración y, sobre todo, de la ausencia de límites morales, de civismo, de educación y modales con que demasiada gente se muestra en la cotidianidad del día a día. Es como si un montón de personas se supieran investidas de una divinidad mal entendida, que las hace saberse elegidas, mejores que los demás, dotadas de privilegios y con más derechos que el resto. Se ve a mucho individuo iracundo, soberbio, altivo, intransigente, intolerante, violento, impaciente… Y, entiéndanme, no es que todo el mundo, ni una mayoría de la población, vaya por ahí pisoteando al prójimo, pero, desde hace unos años y hasta el día de hoy, una parte no desdeñable de la sociedad ha cambiado para peor. Porque, antes, algunos de estos sujetos guardaban al menos las apariencias. Y se sujetaban cuando alguien los miraba o escuchaba.

Ni la corta edad, ni las canas en el cabello son ya garantía de nada. Porque el virus se ha extendido entre sectores de todos los grupos sociales y franjas de edad.

Y no es que esta actitud hipócrita fuese motivo de consuelo. Pero al resto de gente nos dejaban vivir nuestro día a día tranquilos y sin demasiados sobresaltos. Ahora no. Ahora carecen de barreras. Tienen el autocontrol definitivamente perdido. Y van avasallando, embistiendo, empujando y soltando lindezas por doquier sin siquiera despeinarse. No hay, además, diferencias generacionales o de cualquier otro tipo en esta mala educación, intransigencia y autoritarismo. Se puede contemplar cómo la enfermedad ha infectado a personas jóvenes, provectas y de mediana edad. Ni la corta edad, ni las canas en el cabello son ya garantía de nada. Porque el virus se ha extendido entre sectores de todos los grupos sociales y franjas de edad. No sé si todo se deriva de lo vivido durante la pandemia o no tiene nada que ver con esto. Pero tengo la sensación de que de aquellos momentos turbulentos hubo mucha gente que salió peor de lo que era, en lugar de mejor, como nos decían los eslóganes gubernamentales. De hecho, pienso que, si volviéramos a vivir algo parecido a aquellos días y hechos inéditos, todo iría mucho peor y acabaría de un modo infinitamente más trágico y doloroso. Porque da la sensación de que hay gente a la que la incertidumbre, el riesgo de vida y la ausencia de seguridad las propulsó a conducirse por la existencia no de un modo individualista, sino profundamente egoísta, hasta para con quienes tienen a su lado. Discúlpenme el pesimismo de hoy. Pero como lo veo, lo cuento, por si invita a la reflexión o sirve de algo.n

Suscríbete para seguir leyendo